Roma no era fácil, después de haber viajado solo por unas vacaciones descubrí que no quería seguir viviendo donde lo hacía, así que decidí quedarme en Italia, después conocería algunos otros países y quizás hasta haría lo mismo, siempre tuve un espíritu aventurero a comparación de mis hermanas o mis pocas amigas, pero lo que no tuve en cuenta es que estaría sola y tendría que conocer la ciudad por mis propios medios. Tenía la tecnología de mi lado y algunos otros conocidos que habían estado de paso en la ciudad.
Era viernes por la noche, me encontraba arreglándome ya que saldría a cenar a un pequeño restaurante al aire libre para después ir por una cerveza o por vino, la noche era fresca, no eran de esas noches que desaprovechas. Desde el inicio todo fue casual, nada fue realmente formal.
El lugar era bastante agradable, era un ambiente cómodo, disfrutabas de todo lo que Italia podría ofrecerte. Mi mesa estaba un poco alejada del centro, era de una forma un tanto privada, decidí pedir una cerveza mientras esperaba a que trajeran la comida, me encontraba pérdida viendo cualquier cosa que apareciera en mi celular, hasta que empecé a sentir un cosquilleo en la espalda, me sentía un poco extraña, levanté mi mirada del celular y el hombre de la mesa de al lado me estaba viendo, trató de esquivar mi mirada al notar que lo estaba viendo, una sonrisa apareció en su rostro. El camarero apareció con un platico con un pedazo de pie de limón, claramente yo no había pedido, pero estaba totalmente segura de quien si lo había hecho. El hombre me dedicó su mejor sonrisa, se levantó de se mesa y se sentó donde yo estaba, realmente era guapo.
Me extendió la mano, y en un italiano un poco confuso se presentó:
—Mucho gusto, soy Alexandr.
—Es un placer, mi nombre es Clara.
Era viernes por la noche, me encontraba arreglándome ya que saldría a cenar a un pequeño restaurante al aire libre para después ir por una cerveza o por vino, la noche era fresca, no eran de esas noches que desaprovechas. Desde el inicio todo fue casual, nada fue realmente formal.
El lugar era bastante agradable, era un ambiente cómodo, disfrutabas de todo lo que Italia podría ofrecerte. Mi mesa estaba un poco alejada del centro, era de una forma un tanto privada, decidí pedir una cerveza mientras esperaba a que trajeran la comida, me encontraba pérdida viendo cualquier cosa que apareciera en mi celular, hasta que empecé a sentir un cosquilleo en la espalda, me sentía un poco extraña, levanté mi mirada del celular y el hombre de la mesa de al lado me estaba viendo, trató de esquivar mi mirada al notar que lo estaba viendo, una sonrisa apareció en su rostro. El camarero apareció con un platico con un pedazo de pie de limón, claramente yo no había pedido, pero estaba totalmente segura de quien si lo había hecho. El hombre me dedicó su mejor sonrisa, se levantó de se mesa y se sentó donde yo estaba, realmente era guapo.
Me extendió la mano, y en un italiano un poco confuso se presentó:
—Mucho gusto, soy Alexandr.
—Es un placer, mi nombre es Clara.

Reí por la forma en que nos comunicábamos, modulando cada palabra, por su forma de hablar supuse que no frecuentaba el italiano. Así que tuve más curiosidad por él, era un hombre bastante alto, y su mandíbula era bastante prominente, su voz era profunda, con la poca luz que había en aquel lugar que era verdes y su cabello rubio que llevaba sin arreglar. Alexandr era realmente agradable, esa noche cenamos juntos, entre los dos decidimos entablar comunicación en un idioma que los dos domináramos, así que terminamos hablando en inglés, entendía mejor todo lo que quería decir.
—¿De dónde eres? —No me pude contener en preguntar, era realmente curiosa en ese aspecto.
—Soy de Rusia, pero estoy pasando unas muy pequeñas vacaciones aquí en Roma.
Podría decir que fue una de los mejores momentos que he tenido desde que llegué a Italia, un amable camarero llegó hasta nuestra mesa a informarnos que el lugar iba a cerrar dentro de poco, llevábamos horas hablando en aquella mesa. La tristeza se apoderó de mi en ese momento, no quería dejar a Alexandr, quería estar un poco más con él, y quizás él tuvo aquel mismo sentimiento, ya que casi de inmediato me dijo:
—Por favor, ven conmigo al hotel donde me estoy hospedando.
Me moría por ir con Alexandr, pero era alguien que apenas estaba conociendo, pero, sentía que debía ir con él, algo me lo decía, además de que era una persona genial y bastante respetuoso, me había contado bastante de él y yo quería hablarle de mí, así que sin darle muchas vueltas al asunto, acepte irme con él. Sentía que mi corazón iba a estallar de la emoción, Alexandr me tomó de la mano y me dió un leve apretón, ahí supe que él sentía lo mismo.
—¿De dónde eres? —No me pude contener en preguntar, era realmente curiosa en ese aspecto.
—Soy de Rusia, pero estoy pasando unas muy pequeñas vacaciones aquí en Roma.
Podría decir que fue una de los mejores momentos que he tenido desde que llegué a Italia, un amable camarero llegó hasta nuestra mesa a informarnos que el lugar iba a cerrar dentro de poco, llevábamos horas hablando en aquella mesa. La tristeza se apoderó de mi en ese momento, no quería dejar a Alexandr, quería estar un poco más con él, y quizás él tuvo aquel mismo sentimiento, ya que casi de inmediato me dijo:
—Por favor, ven conmigo al hotel donde me estoy hospedando.
Me moría por ir con Alexandr, pero era alguien que apenas estaba conociendo, pero, sentía que debía ir con él, algo me lo decía, además de que era una persona genial y bastante respetuoso, me había contado bastante de él y yo quería hablarle de mí, así que sin darle muchas vueltas al asunto, acepte irme con él. Sentía que mi corazón iba a estallar de la emoción, Alexandr me tomó de la mano y me dió un leve apretón, ahí supe que él sentía lo mismo.

