NOTA DEL AUTOR
Hola amigos. Hoy les presento mi relato como parte del concurso de @Fuerza-Hipana, la temática consiste en crear una historia de horror o suspenso. Pueden participar desde aquí
Sin más preámbulo, espero tiemblen XD. Que lo disfruten.
EL GRITO
—No papi por favor, —Insistió Alex, mientras unos ojos amarillos lo veían detrás de su padre—, déjame dormir contigo.
—Los niños grandes duermen solos. —Su padre lo ayudó acostarse en la cama, y lo acobijó entre las sábanas.
Alex arrugó los labios, mientras sus cuencas lúcidas se inundaban de lágrimas.
—No quiero ser grande.
Ser grande era difícil para Alex, sobre todo porque Claus no dejaba de jugar con él.
—Pero ya lo eres. Tienes doce años y ya no estás para esto.
Alex volvió a ver más allá de su padre, justo en el umbral de la puerta de su habitación; desde ahí Claus lo saludaba con las garras que tenía por manos. Su sombra sin forma lo espiaba con ardientes ojos llameantes.
“Ven Alex, juguemos a las escondidas”
—Te lo ruego, sólo una noche. —Alex no se dio por vencido— Te prometo que será la última.
—La última vez también iba a ser la última.
Claus quería jugar en verdad. Empezó a tocar la puerta con sus garras.
Clic, clic, clic…”Aleeeex” Su voz parecía un susurro del viento. Alex abrazó a su padre y apretó las pestañas.
—Alex, debes entender que has crecido. Ya eres adulto. —Su padre despreció el abrazo y se zafó de él— Mira, los monstruos no existen. ¡No existen! Sólo es tu imaginación. No te dejes engañar por ella. —Su padre lo dejó en la cama y caminó hasta la puerta— Ah, y no quiero gritos a mitad de la noche, porque habrá problemas.
—¿Tú nunca gritas? —Quiso saber Alex cuando Claus penetró en su habitación y se posó frente a su cama.
Su padre resopló, hastiado.
—Dejaré la luz encendida. —Aferró el pomo—. Buenas noches.
Alex no respondió, no porque no quería, sino porque Claus se lo ordenó al poner una de sus garras entre sus temblorosos labios.
“Te extrañé Aleeex”
—¿No me devolverás las buenas noches? —Su padre insistió—. Está bien, es parte de la adolescencia. —Cerró la puerta.
Alex se cubrió bajo la protección de las sábanas. Las lágrimas pesaban como sarcófagos. ¿Porque Claus no dejaba de saltar en su cama? Podía escuchar sus risas, sus risas de niños torturados. Y aunque tenía los ojos cerrados, no paraba de verlo… no paraba de mirar esos dientes ensangrentados que se abrían como pirañas, esas cuencas sin ojos de dónde brotaban gusanos, y ese humo negro que dejaba burbujas en el aire.
Abrió los ojos y Claus detuvo sus brincos. No retiró lo cobija de su cabeza, más bien la apretó fuerte. Por alguna razón, miró sus pies protegidos debajo de la cobija, y también las garras que se infiltraban entre ellos para causar algunas cosquillas. Revoloteó los talones hasta que cayó al suelo. Se aferró a la pared descubierto y desprotegido, sin atreverse a mirar debajo de la cama porque presentía que Claus le sacaría la lengua viscosa y lo arrastraría hasta desaparecerlo.
Decidió entonces correr hasta la puerta y buscar a su padre sin medir las consecuencias. Pero Claus fue más rápido; lo alzó por el cuello y lo aproximó a su viscoso aliento. Él agazapó la presión de las garras que penetraban su pescuezo sólo para salir por la boca. Empezó a perder la respiración. Un desmayo puso su cuerpo pesado.
<<Imaginación —Pensó con el corazón latiendo en la boca— solo eres producto de mi imaginación>> Entonces Claus lo arrojó contra la pared, y lo hizo levitar mientras el bombillo centellaba en blanco y negro. Y por cada negro los brillantes ojos de Claus se acercaban más y más… más y más. Y por cada blanco sus colmillos se hacían más grandes.
<<Imaginación —Aún se aferraba a los consejos de su padre— solo eres producto de mi imaginación>>
Si eso era cierto ¿Por qué Claus le torcía los brazos? ¿Por qué le estiraba los pies hasta que tocaran su cabeza? ¿Por qué le metía sus burbujas negras en la boca? No lo contuvo; el vómito escarlata burbujeó de sus fauces. Entonces no se aguantó más, y del interior de sus quebradas cuerdas vocales surgió el más fuerte de los gritos.
Fue tanto el escándalo, que su padre saltó al despertar. La noche aún se asomaba por la ventana. Los gritos siguieron, razón suficiente para castigar a su hijo por un buen tiempo. Agazapó su pijama y arribó furioso en la habitación.
—¡Es suficiente Alex estás castigado!
Pero Alex, de pie frente a la cama, le daba la espalda con la cabeza gacha; el cabello negro estaba empapado de un líquido rojizo que fundía la madera del piso y producía un vapor oscuro.
—¿Alex?
No era Alex sin duda. Alex no podía estirar sus articulaciones como el chicle, ni girar la cabeza a los 360 grados como las pelotas, ni abrir la boca hasta el pecho sólo para enseñar enormes colmillos sangrientos, ni trasformar sus puños en filosas garras… no, definitivamente no era él.
Intentó correr, pero la puerta se cerró para siempre. Y la luz que pestañeaba se apagó para que sólo quedaran visibles los más amarillos ojos.
—Buenas noches padre. —El nada parecido a Alex habló en un susurro risueño.
Entonces se oyó un grito… el grito más fuerte de la existencia.
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Contenido original de:
Imágenes tomadas de PIXABAY