Hay ocasiones, aunque no muchas, donde pienso seriamente si algún día escalaré la torre Eiffel de París. Ver desde la altura la ciudad del amor azotado por el inigualable fervor del vértigo y las náuseas, y los gritos que de seguro, pedirán auxilio. Lol. Pero, a pesar de mi miedo torpe por las alturas, tengo el alocado sueño de escalar esa torre para vociferar, tal vez, que vencí uno de mis más inaceptables temores.
Quizás son sólo los torpes pensamientos de un chaval que lo más lejos que ha arribado es el patio de su casa XD. Aunque, a pesar de que no cuento –por lo menos ahora- con los fondos suficientes para ser un trotamundos, y de que además el coronavirus ha mandado a los aviones a un descanso por ahora sin fin, me he puesto la meta de algún día vivir mi sueño. Por ahora, me toca seguir pensando en cómo dejaré de vencer mis temblequeras para ese momento.
Todos tenemos alguna aspiración, algún deseo, algún anhelo. ¿Tal vez lanzarse desde el cielo bajo la protección de un paracaídas? ¿Quizás ir a la luna y nadar bajo los escasos efectos de la gravedad? ¿O simplemente estornudar con los ojos abiertos? XD Sea lo que sea forma parte nuestro horizonte de objetivos por cumplir. La pregunta realmente importante es: ¿Podemos verdaderamente cumplirlo?
Bueno, a menos que quieras estornudar con los ojos abiertos de diré que sí, sí se puede porque nadie puede contradecirte, porque eres terco y no te rindes, y amas mucho desobedecer tus limitaciones. ¿O no? Depende de ti, primeramente, y después de la aspiración o el deseo que quieras alcanzar porque, o sea, ¡Nadie puede estornudar con los ojos abiertos! Lol Todo será posible mientras no escape de tu realidad.
Y es que escapar de esa señora –la realidad- es como huir de nuestras propias sombras. Y tú me dirás:
“claro que es posible, sólo debes meterte en un cuarto oscuro”
Y yo te responderé algo así como:
“Pero si te rodeas de oscuridad, perderás el camino”
Perder el camino es fácil cuando intentamos mentirnos. Nada es sencillo, lo sé, lo sé… pero mientras seamos sinceros sobre las limitaciones a las que nos enfrentamos en el transitar de esa carretera baldía a la que llamamos anhelos, entonces podremos estar al tanto de lo realmente difícil que puede ser transitarla.
Todos tenemos anhelos, todos tenemos deseos… el problema verdadero es cómo alcanzarlos.
Yo, por ejemplo, hice una lista de deseos por cumplir y empecé a tallar los imposibles. Fue divertido, en serio, por el hecho de que en mis anhelos había actividades que salían de lo común ¡Y ni se imaginan! Quisiera compartirla con ustedes, y que a su vez ustedes también hagan una. Mientras más sepamos cuán lejos podemos llegar, más claro será el horizonte para nuestros ojos.
Con ustedes, mi lista de deseos:
Hacer llorar a los payasos “posible”
Comer burritos bajo el agua “¿imposible?”
Viajar a parís “posible, sí, depende de la fortaleza de mi bolsillo”
Lamerme los codos “Imposible, pero lo sigo intentando”
Freír pescados en un desierto “Posible ¡Ay mi bolsillo!”
Saltar la cuerda con las manos. “Imposible, para mí claro… es que mis huesos odian esas clases de acrobacias”
Cantar una balada en un club de reggaetón. “Posible, sí, aunque pueda morir a golpes XD”
Hacer que llueva chocolate. “Para nada posible, ¿o tal vez si la ciencia lo permite…?”
Eso es sólo un resumen de lo que haría, si pusiera toda la lista los saturaría con tantos deseos –no me culpen por anhelar tantas cosas- pero el objetivo es claro: hacer conocer todos lo que algún día quisiéramos alcanzar. Tal vez no lleguemos a cumplir todos nuestros anhelos, y está bien, eso se comprende. Pero siempre, siempre, habrá un sueño que terminaremos por hacer realidad. Sólo recuerda: