¿Tenemos un problema o es puro instinto? Cuando comenzó esta cuarentena no entendía todas las complicaciones de vivir 24/7 encerrada con mi familia. Está bien, esto suena feo pero es la verdad, es algo muy complicado cuando todos tenemos costumbres de salir y recrearnos.
Para nosotros los adultos esta recreación suele ocurrir de camino al trabajo, de camino al súper, de camino a cualquier lado, una reunión entre amigos, siempre encontramos la manera de recrearnos.
Pero los niños son otra cosa, su mente está en constante estado de actividad en que necesitan ser entretenidos con diversidad de cosas. Muchos de nosotros como padres no logramos satisfacer a 100% esa necesidad de recreación de los niños.
Escribo esto desde una perspectiva muy personal porque me ha tocado quedarme en casa y trabajar desde casa juntamente con mi esposo y con una niña que tiene una necesidad muy grande de ver espacios abiertos e interactuar con otros niños. Lamentablemente con las lluvias han llegado las gripes estacionales aparte de cierto virus muy conocido.
Al principio me hacía una pregunta.
¿TENEMOS PROBLEMAS O ES EL INSTINTO?
Pienso que no es un problema, porque una persona que no quiera salir a caminar y ver por lo menos el cielo azul debe estar deprimida. Pero una persona que quiere salir a ver, a conversar, a saludar aunque sea al vecino debe estar muy bien.
La mente se deprime con el encierro.
”Cuando tú tomas a un pequeño azulejo salvaje que está acostumbrado a estar libre y lo encierras lo más probable es que se deprima deje de comer y muera.”
Recuerdo que le decía a mi esposo estas mismas palabas, en mi tristeza y en mi enojo por no poder salir a hacer vida normal, porque ni las redes sociales, los mensajes de texto ni una video llamada pueden sustituir lo que es el contacto, el contacto del sol, el viento cálido, las gotas de una lluvia sorpresiva.
Nada puede reemplazar la experiencia y eso muchos lo han podido comprobar y lamentablemente otros se han tenido que acostumbrar a un encierro.
He llegado a la conclusión de que somos como ese perro que está ansioso por salir y olisquear por allí hasta encontrar el lugar perfecto para orinar. Quizá nosotros seamos más reservados, pero ellos llevan ese mismo instinto a flor de piel.
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