Mi nombre es Angie Badell, tengo 20 años y soy pésima definiéndome a mí misma. Cosas como: “¿Cómo te defines?”, “Defínete en tres palabras”, “¿Qué te diferencia de los demás?”, entre otras, han sido una tortura para mí desde que tengo memoria. Cuando era pequeña me clasificaban como la “la niña gordita blanquita”, sí, minimizan las clasificaciones sociales para no hacer sentir mal a las personas. Cuando entré a la adolescencia pasé a ser “la de lentes blanquita”. Y desde entonces me siguen clasificando así. Con el tiempo entendí que tengo que conseguir un propósito importante para que mi clasificación vaya más allá que mi aspecto físico. Y estoy trabajando en eso.
Para comenzar esta presentación, hay que empezar por lo más básico, mi nombre. Mi nombre en realidad es Angie Quintero Badell, pero desde niña me he sentido más identificada con mi segundo apellido y es el que uso para todo. Exceptuando algunas cosas, claro. En mis redes sociales aparezco como Angie Badell, y todas las personas que llegan a conocerme se acostumbran a solo llamarme así.
Soy estudiante de Comunicación Social de la Universidad de Los Andes (ULA). Aunque, cuando estaba cursando el bachillerato quería estudiar Psicología. Pasé cuatro años diciendo que quería ser psicóloga, quizá porque era la amiga que todos buscaban para contarle sus problemas y conseguir apoyo. Aunque, cuando comencé a ver clases de psicología entendí que no solo me gustaba ayudar a las personas, me gusta entender cómo funciona el cerebro, las emociones, por qué los seres humanos actuamos en la manera en la que lo hacemos. Pero, justo en mi ciudad, Mérida-Venezuela, no daban esa carrera. En mi último año de bachillerato tuve que elegir qué carrera estudiar y la verdad no recuerdo por qué escogí Comunicación Social. Pero, tuve que la suerte de graduarme y al poco tiempo comenzar a estudiar en la Universidad.
Siento que entré a la Universidad siendo muy niña. Acababa de cumplir 17 años cuando entré a un salón donde todos tenían ya planeado su futuro y yo apenas estaba saliendo de mi caparazón como una mariposa pequeña. Nunca he sido muy popular, así que hasta ese momento mi vida se basaba en ser una niña tranquila que solo tenía un grupo de tres amigos. Mi mundo era muy cerrado y mi vida rutinaria. Mis aspiraciones y metas no eran tan grandes hasta que entré a ese salón en la Facultad de Humanidades.
Foto de mi primer año en la universidad.
Recuerdo llegar el primer día, y cuando nos estaban dando la bienvenida, el profesor informó que justo ese día iban a comenzar a gestionar el procedimiento para abrir psicología. ¿Que si pensé en abandonar Comunicación y esperar por Psicología? Por supuesto que sí. Pero, agradezco no haberlo hecho. Terminé tercer año cuando estaba comenzando la cuarentena, así que, se podría decir que voy en cuarto año.
Comunicación Social no solo me ha enseñado de periodismo, ha ido mucho más allá. Durante estos tres años de carrera he manejado temas de historia, economía, por suerte temas de psicología. Además de temas como fotografía, televisión, radio y redacción. Mi contenido se basaría en mis conocimientos, claro, basándome también en autores para respaldar la información.
No solo me gustaría compartir mi experiencia en Comunicación Social, que ha sido una relación de amor y odio al mismo tiempo, sino también, temas que me apasionan como libros, música, fotografía, crecimiento personal, psicología, animales, entre otros. Siempre he querido compartir mis anécdotas personales y cómo ha cambiado mi vida en los últimos años. Cómo ha sido abrirme paso en el mundo real, donde hay una gran cantidad de personas con tu misma clasificación. Porque, es increíble la cantidad de personas blancas que usan lentes.
Esta es la oportunidad que estaba esperando para comenzar a escribir y compartir mi contenido fuera del área académica. Gracias a y
por el apoyo y la guía.