Cuando nos hacemos adultos, que nos llenamos de tantas responsabilidades, poder asumir algunas decisiones termina siendo cada vez más difícil, porque implica no solo tener que ajustar nuestro tiempo, que por lo general ya está bastante copado, sino que estás decisiones con frecuencia implican tener que dejar de hacer algo que te gusta, y lamentablemente, como todo, traerá sus respectivas consecuencias.
Una de ellas podría ser el "arrepentimiento" por no haberlo hecho, a pesar de que querías hacerlo. Pero has tenido que desistir precisamente porque tienes otras responsabilidades, no puedes hacerlas a un lado, has adquirido deudas, has puesto parte de tu tiempo en otra actividad que no puedes dejar de hacer, no te conviene ser incumplido, así que no has tenido otra opción que decidir no hacer algo en particular.
Pero pasan los años y luego te das cuenta que cometiste un error al mantenerte al margen, al no asumirlo, porque en el presente habrías tenido un gran beneficio personal de haberlo hecho, pero ya no hay vuelta atrás, ya todo ha pasado, no como hubieses querido, pero ha pasado, y nada puedes hacer.
Incluso lamentarse no sirve de nada, el tiempo no dará marcha atrás por mucho que te arrepientas de no haberlo hecho, por lo tanto, solo nos queda aprender, ver y seguir.
Somos adultos, se supone que es parte de lo que debemos hacer, aprender de lo bueno o lo malo que hayamos hecho, que al final se traduce en decisiones que asumimos y que no, y arrastramos con las consecuencias de nuestros actos de manera permanente.