A medida que nos hacemos adultos, y avanza el tiempo, esas ganas de tener nuestras propias cosas se hace más presente. Es que es la cultura en la que hemos crecido, y no está mal, tener nuestras pertenencias, casa, automóvil, y demás cosas necesarias nos facilitan la vida, indiscutiblemente, el gran detalle es que si sólo nos centramos en eso la vida puede verse un tanto dura, porque conseguirlo no es tan fácil como pareciera en algunas oportunidades.
Desde niño crecí en casa propia, y es algo que siempre agradeceré a mamá. Porque si recuerdo haber otras situaciones de amigos que vivían en calidad de arriendo con sus madres, y lamentablemente por no tener buenos hábitos financieros terminaban por incumplir con el pago y en oportunidades tenían que pasar por situaciones de gran dificultad al ser desalojados de la casa, algo que no deja sino una huella incómoda en la mentalidad de los niños.
Cada vez la situación de conseguir algún tipo de bien se hace más cuesta arriba, lo vivo también, al igual que todos, o al menos que la gran mayoría. En Colombia la gran mayoría de personas vive en calidad de arriendo, y por ejemplo, en plena pandemia, ocurrieron algunas situaciones muy desagradables, con personas de la tercera edad incluso en la calle, desalojadas sin ningún tipo de compasión.
Lo que hace ver que cada vez es más difícil el manejo de este tipo de situaciones, porque es una gran proporción de la población la que padece, y muy probablemente esta cifra seguirá en aumento, porque considerando que los precios de casas (carros, enseres del hogar, y todo) cada vez suben más y más, no veo una alternativa viable para que se soluciones este problema, que de cara al futuro parece que será un punto debil en todas las sociedades.