Hay ciudades o pueblos en las que algún sitio determinado es un punto de encuentro muy específico, ese que es casi imposible que al mencionarlo una persona lugareña no reconozca, y que sirve como referencia importante para ubicar una zona geográfica. Como por ejemplo, cualquier persona que vea la Estatua de la libertad en una imagen sabrá que estamos hablando de los Estados Unidos.
Cuando vemos la Torre Eiffel sabemos que estamos haciendo referencia a Francia, y así sucesivamente cada una de las ciudades y pueblos tienen sus sitios icónicos. Unos más conocidos que otros, cabe destacar, pero reconocidos al fin y al cabo. En el caso de la imagen, evidentemente, no es la torre que está en París, realmente es una réplica que está en estados Unidos, pero aún cuando no es la original ni la que está en su sitio de origen nos evoca a ella.
De esa manera nos movemos generalmente, procuramos guardar en nuestras mentes información específica que nos haga recordar algo en particular, no solo guardamos en nuestra mente recuerdos específicos sino que lo anexamos a una emoción en particular. Esto según lo que he podido leer es lo que hace que algo sea realmente significativo para nosotros, la carga emocional que le acompaña.
Si vivimos algo que es traumático para nosotros, que se relaciona a un emoción muy fuerte, puede ocurrir que lo olvidemos por completo, porque por defensa lo olvidamos, para protegernos, pero si en cambio tiene un impacto positivo importante en nosotros, lo que ocurrirá es que la emoción positiva que acompañó ese momento podrá mantener vivo, muy bien guardado y con la capacidad de evocarlo en el futuro, incluso sin mucho esfuerzo.
Por eso, aunque el título de esta publicación es "Sitios icónicos", cabe destacar que no sólo se trata de espacios sino de mucho más.