Somo animales de costumbre. Recuerdo que cuando era niño, levantarme temprano era algo muy difícil para mi, no me gustaba, incluso siendo adolescente el hábito de madrugar nunca fue una de mis fortalezas. Pero, estudié, me hice adulto, y conseguí un trabajo. No muchos trabajos en mi profesión son a tiempo parcial, por lo que puedo decir que levantarme muy temprano en la mañana ya es un hábito.
Por eso comencé diciendo que somos animales de costumbre, ya que en lo que a mi respecta, incluso cuando no tengo necesidad de levantarme tan temprano termino por hacerlo. Y no digo que actualmente es algo que no me agrada, incluso, puedo decir que cuando no me levanto temprano, algo que es muy extraño, siento que el día pasa muy rápido, que me rinde mucho menos el tiempo.
No voy a decir que soy amante de las madrugadas, pero puedo decir que las mañanas hay que aprovecharlas, porque no hacerlo implica que estamos desperdiciando nuestro tiempo y no necesariamente es algo que nos sobra.
Pienso que cuando era niño, y asumo que debe ocurrir con todos los niños, que las escuelas no son necesariamente la cosa más divertida del mundo, y el hecho de que no se disfrute tanto como pudiera ser, hace que no sea el motivo suficiente para levantarse con energía a ello.
No ocurre lo mismo cuando en vez de la escuela es para un sitio que nos gusta, como por ejemplo, la playa, o un río o parque, los niños son los primeros en levantarse de la cama, casi que despiertan a todo el mundo, y se levantan de buen ánimo, ese tipo de gusto deberíamos sentir por todo lo que hacemos, de esa manera, sólo así, creo que podríamos levantarnos siempre con la mejor disposición del mundo.