Pensar que podemos ayudar a todo el mundo de manera personal es absurdo, es muy difícil, no imposible, pero si muy improbable. Incluso con las herramientas de masificación al alcance de todos que tenemos en la actualidad como son las redes sociales, no es algo que sea viable.
Como humanos, independientemente de la profesión u oficio que realicemos siempre vamos a querer estar en la posición de tener esa posibilidad de ayudar, más cuando nos dedicamos a una carrera que se basa en la atención de los seres humanos. Con mucha frecuencia me pasa que he querido ayudar a algunas personas, no porque sea mi trabajo, sino porque me nace hacerlo, pero suele pasar que me encuentro con algunas realidades que terminan por no ser muy agradables.
Por ejemplo, el hecho de que por querer ayudar una vez a alguien esa persona piense que es algo que sea obligatorio, y llega un momento en el que puede incluso hasta exigir, y en ese momento caigo en cuenta y me digo, creo que he cometido un error... y no precisamente por ayudar sino por no dejar claro el porque la ayuda.
Hay muchas personas que necesitan apoyo, pero aunque me gustaría decir que sería bueno que todos consideráramos hacerlo, no es algo que deba ser obligatorio. Algunos dicen que no tienen que ayudar porque tampoco es que tienen mucho para dar... y no creo que eso sea una realidad, porque si analizamos nuestras vidas, independientemente de lo que hagamos, siempre hay algo de lo que podemos hablar, nuestra acciones hablan por si solas, y seguro que pueden servir de ejemplo y de inspiración para otros.
No con esto quiero decir que tenemos que ponernos de ejemplo como si fuéramos la gran cosa, no, no es eso, pero seguro que lo que hemos pasado y superado, siempre hay alguien que está pasando por eso, y podríamos ayudarlo con nuestras experiencias, incluso sin querer.