En primavera, la pradera del llano Yantero es toda una sinfonía de color cuando llega el medio día. Pero también es un lugar caluroso y no hay mucho sitio donde encontrar una buena sombra.
Cuando paseo por este mar de flores silvestres, me gusta recordar la leyenda de la cabrera que afirmaba que había visto nuberos. Los divisó en la lejanía, acercándose al lugar a lomos de unas nubes de tormenta, pero un viento repentino les hizo cambiar de dirección cuando ella ya se apresuraba a recoger todas las cabras para esconderse en un bombo de la zona del que ella tenía conocimiento, porque por allí no hay muchos más lugares donde refugiarse. Me la imagino recobrando el aliento, toda pálida del susto, contrastando con el colorido del campo cuando el sol está en lo alto.
A ver si encuentro alguna acuarela más sobre bombos manchegos para poner por aquí, aunque creo que ya los compartí todos.

