Es una planta que recuerdo desde que tengo uso de razón, desde siempre ha estado en la casa del pueblo, algo que siempre me impresionó de esta planta es su crecimiento y como se buscaban los palos más largos para hacer de guía en su crecimiento.
Es una planta bastante despeinada que le digo yo, con muchas hojas y alborotadas pero su flor es muy hermosa y delicada, con una forma también muy peculiar y prevaleciendo el color blanco, con algunos rasgos en amarillo.
Sus hojas son de un verde intenso y las amarillas se deben a falta de riego.
Las judías son el producto que nos ofrece esta maravillosa planta.
En primavera y verano podremos disfrutar de esta deliciosa verdura, presentando muchas formas, siempre alargada pero pudiendo ser redondeada, aplanada...
Su color es verde, aunque hay alguna variedad en tonos azulados.
Tiene un sabor bastante agradable, pudiendo tomarlas simplemente hervidas o acompañando diferentes platos. En esta temporada las recomiendo en ensalada, acompañadas de tomate y un rico aliño. Es un producto que podemos congelar y degustar a lo largo del año.
Aparte de beneficiarnos, de múltiples minerales, con el consumo de las judías también es portadora de vitamina c.
En esta imagen se puede apreciar la delicadeza de esta flor y su elegancia natural.
Un huerto en casa nos ofrece mucho positivo, alimentos, un encuentro con lo natural, con las raíces y origen además de momentos en familia, ya sea en el cultivo o en la mesa, disfrutando de algo que hemos visto crecer.