Como el frágil pétalo de una rosa
que marchita con cada invierno naciente
en su piel, antaño venusta y fulgurosa,
quedan destellos efímeros relucientes.
Ya no sueña con la aurora majestuosa
resignada, ante el arribo precoz del ocaso
dueña de un colosal baúl de reminiscencias
testigos sigilosos de pesares y gozos de antaño.
Acercándose al triste término de su sendero espinoso
cargando un cofre pesado de recuerdos execrables
e inolvidables sonrisas primaverales
que preparan su alma para el fin inevitable.