Son días extraños de un verano especial por una pandemia que no deja a nadie indiferente, quien me iba a decir que una tarde cualquiera de julio podría pasear por la orilla del mar al atardecer, acercarme al espigón del puerto deportivo de Benalmádena y poder tomar cuantas imágenes quiera sin un turista alrededor que ya hubiera robado esa toma perfecta de tonos pastel.
Pero la realidad es la que es y no nos queda otra que disfrutar de un verano para nosotros sin los agobios de la sobre población que causa el turismo y si nos organizamos hasta nos da para ser nosotros los clientes de tantos negocios necesitados de visitas, hay que ayudar y hay que cubrir ese hueco que queda en blanco por circunstancias por la equivocada vocación al turismo de esta tierra, no me he equivocado, Málaga y sus pueblos son mucho más que una tierra bonita de mar y playa.
Y es que Málaga es una tierra de agricultura rica que exporta al resto del mundo productos que por su clima sólo crecen acá en toda Europa y en casi cualquier parte del mundo salvando nuestra Sudamérica. Sus viñedos es otro de sus fuertes, sus aceites de oliva, la ganadería es otro punto fuerte con denominaciones de origen en ciertos quesos que no encontrarás en otro lugar. Cuenta con un parque tecnológico a envidiar donde se estudian y desarrollan cientos de proyectos, la arquitectura es otro punto fuerte de la ciudad que unida al fantástico complejo universitario podría dar cabida a miles de estudiantes de cualquier zona de España aprovechando su buen clima de invierno.
Espero las próximas generaciones cambien el destino de la provincia y no la dediquen en exclusividad al turismo pudiendo subsistir en casos excepcionales como el que nos agobia a los que vivimos de la restauración y sufrimos un verano de recesión.
Un fuerte y caluroso abracito con el deseo que esa deseada vacuna llegue a nuestras vidas mientras los jóvenes cambian el futuro de esta tierra.
Besos 