En 1951, hubo un poeta británico, que publicó masivamente un poema que, al principio no tuvo demasiado repercusión "Do not go gentle into that good night". Era una descripción, hermosa, detallada y cautivadora de la negación... Ese sentimiento que todos hemos experimentado alguna vez, o que dentro del contexto de la muerte, lo haremos en alguna oportunidad. Es inevitable, impostergable, y curiosamente inolvidable, también...
Para el poeta, la noticia de la muerte de su padre fue el detonante de la no aceptación de la muerte; sí, la negación... Por tal razón, su poema es una oda al dolor humano; a esa acción de incredulidad que todos alguna vez sentiremos por alguien a quien hemos amado profusa y profundamente. No hay un día en mi vida en que no me compadezca del gran poeta. Y no es exageración. Hace muchos años, cuando quizá no sabía demasiado sobre demasiadas cosas, experimenté de primera mano lo que el duelo por muerte puede ocasionar en mi humanidad.
Con el tiempo me di cuenta que había secuelas y huellas hondas en mi comportamiento, en mi visión, en mi entender de la vida. Podría dividir mi existencia entre un antes y un después de aquel suceso transformador. Y desafortunadamente, en mi región, y yo diría que en mi continente, no somos demasiado conscientes de cómo tratar la pérdida y el duelo. Siempre empleamos la "técnica" de la suplantación o del refugio en otras actividades humanas: pero psicológicamente no nos detenemos lo suficiente para contemplar y abordar correctamente.
No he perdido a mi padre aún, pero sí tuve una desoladora experiencia de pérdida con otra persona. No la nombro ni describo por falta de aprobaciones. Y en función de eso, lo mejor es mantenerlo anónimo. Es lo justo, tanto ética como moralmente. Lo que sí les puedo describir es cómo marcó eso mi vida. Cómo quebró mi espíritu y mi bondad en la vida. Radicalicé mi postura en cuanto a la justicia y la ilusión. Mi visión y corazón, se tornaron oscuros, turbios, difusos, cínicos; ajeno a cómo nací y crecí....
Por años no acepté esa muerte. Eso transformó mi carácter y me hizo alguien que honestamente no podía tolerar por demasiado tiempo. Recuerdo, aislarme por más de 5 años de todo y todos. Y sólo fue a través de una conflictiva relación con mi mejor amiga, que pude empezar el proceso de superación, aceptación y normalización de esta vivencia... Además, quienes hayan sido testigo de cómo Michael Caine, en Interstellar recita el poema de Dylan Thomas, sencillamente te quiebras y dejas salir lo que ha habitado por tanto tiempo en vos.
No resignarse ante la ausencia de la luz. Misma que es la personificación de la vida misma. Pero también del calor y del pálpito de un corazón que no deseas que se apague jamás; que siempre le necesitarás. Y que, aunque pase el tiempo, nunca lo hará en cuanto al olvido. Porque tú, y su recuerdo vivo es el combustible necesario para alejarlo del oblivium; de la nada. Superar el dolor es algo que debemos hacer bastante más. Empatizar y ofrecer nuestra ayuda, incluso, sin condiciones. El daño no se resuelve dejándolo pasar. Este post, esta idea necesita nutrirse de autores como ,
y
. Únanse a esta iniciativa