Mi padre, un Margariteño de esos que trabajan desde pequeño para ayudar a sus padres. Él nos contaba muchas anécdotas de cuando era niño, por ejemplo cuando su madre compraba sacos de harina de trigo para hacerles los uniformes del colegio o cuando fue monaguillo y ayudaba en la misa para ver a las muchachas del coro. Su familia era muy humilde, su madre hacia dulces criollos y los vendía en el mercado y su padre era cocinero en un barco de pesca. Apenas estudió hasta 6to. grado de primaria, pero era muy inteligente; no había crucigrama que se le escapara. Fue el 3ro. de 6 hermanos y en su juventud vendió helados en esos carritos que van por las calles, manejó camiones, gandolas, un carro por puesto; trabajó en una farmacia y en una panadería.
Cuando conoció a mi madre fue un amor para toda la vida y de esa unión nacieron 8 hijos. Para darnos el sustento mi padre trabajabá en Cumaná y regresaba a Margarita los fines de semana; para nosotros es era una fiesta esperar que a llegara porque siempre nos llevaba a pasear y nos divertíamos mucho. Con el tiempo nos vinimos a vivir a Cumaná, fue toda una aventura el viaje en el Ferry y al llegar vivir en una casa de playa que le prestaron a mi padre, aunque solo vivimos ahí unas semanas hasta que alquiló una casa en el centro de la cuidad, cerca del colegio donde empezaríamos a estudiar. Después de mucho trabajo y esfuerzo, papá logró comprar aquella casa.
Tengo tantos lindos recuerdos de mi infancia, a pesar de que eramos una familia humilde que vivía sin lujos, papá se esforzó mucho porque no nos faltara nada. Cada vez que viajaba por razones de trabajo siempre nos traía cualquier regalito, igual para todos, ya fuera un dulce o un juguete de esos que venden los artesanos en la carretera o cualquier detalle.
En diciembre hacíamos hallacas y él siempre las amarraba, decía que nadie las marraba como él , pero mi hermana menor le decía que ella quería aprender como él lo hacia y de echo aprendió, después que él se fue, ella quedó de amarradora oficial.
Para mí, él era un ser muy especial, que amé y amo con todo mi corazón. Murió a la edad de 73 años un día del padre hace 10 años, unos días antes de su muerte mis padres habían cumplido 52 años de casados. Siempre se esforzaron por darnos una buena vida y una buena educación.
¡Como te extraño mi viejo!