Planta baja.
Él oprime el botón del tercer piso. No se siente bien. Sus manos transpiran las manijas del desvencijado maletín.
¡Tantos años trabajando para el señor Guzmán!
Una joven atraviesa el salón a paso ligero. Entra al ascensor. Él odia compartirlo con extraños. Ella también va al tercero.
Primer piso.
Ella mira el reloj. No ve la hora de entregarle a su padre la agenda que olvidó esta mañana. El hombre se siente cada vez peor. Ella lo mira de reojo. Él desabrocha el cuello de su camisa. Ella vuelve a mirarlo. Él está demasiado pálido.
Segundo piso.
Él se desploma ya sin vida. El maletín cae a su lado y cientos de papeles quedan desparramados. Ella trata de socorrerlo y deja caer la agenda de su padre. Más papeles esparcidos por ahí. Ella le afloja el nudo de la corbata inútilmente. Grita pidiendo auxilio. Entre el papelerío una foto de Ana, la secretaria de su padre, le sonríe.
Tercer piso.
En el hall se agolpan los empleados del señor Guzmán. Los gritos que provienen del ascensor no tienen aún explicación. Éste se detiene. Ella toma la foto de Ana. “Te amo…”, reza la dedicatoria.
Las puertas se abren. “¡Juan!”, exclaman sus compañeros al ver al hombre tirado.
“Hija, ¿qué pasó?”, le pregunta el señor Guzmán a la muchacha. Ella levanta la agenda y trata de juntar los papeles. Deja la fotografía junto al maletín. Clara Guzmán prefiere pensar que Juan murió de amor.