“Cundo los sueños son reales, las realidades se convierten en fantasía”
Marcel recién había comprado una casa cercana a un denso bosque, a pocos minutos de la ciudad. Su esposa no quería abandonar el bullicio citadino con sus edificios, centros comerciales y el adictivo smog que la hacían sentir una chica civilizada. Pero él necesitaba escapar de todo eso para poder recuperar la inspiración que había perdido, y así continuar escribiendo sus novelas fantasiosas y terroríficas, como las llamaba ella.
Era una comunidad tranquila, más bien solitaria, de pocas casas y familias poco comunicativas; sin embargo, le llamó la atención que el primer día que fue a ver la casa, tuvo la impresión de haber visto a una mujer con un largo vestido blanco, parada a la orilla del bosque que se extendía hasta su propiedad, pero no le dio importancia porque iba entretenido conversando con el corredor de la inmobiliaria.
Luego de que realizaran la mudanza, iba conduciendo tarde desde la ciudad con su esposa, y al pasar frete al bosque frenó abruptamente, el auto dio un giro violento y se detuvo. Lucy, invadida por el susto y casi sin aire para hablar, le preguntó ¿qué había sucedido? ¿por qué había frenado de esa manera?
Él guardó silencio por un momento, su rostro estaba pálido y su mirada extraviada, y balbuceando palabras dijo: ¿no viste la mujer que se nos atravesó en medio del camino? Evidentemente ella no la había visto y se limitó a reclamarle por casi haberlos matado.
Entre la confusión y los reclamos de su esposa, Marcel no le comentó que la delgada mujer había atravesado el auto y que él sintió como traspasaba su cuerpo, mientras imágenes confusas pasaban por su mente. Igual, su esposa no le creería y diría que estaba influenciado por sus tétricas novelas. Así que recuperó el aliento y siguió conduciendo hacia su nueva casa.
Si buscaba inspiración para escribir, la había encontrado. Así que encendió su laptop y comenzó a escribir un título para lo que le había sucedido: “La misteriosa mujer del camino” o quizá sonaría mejor “El ánima del bosque”.
Tres noches después del incidente soñó que despertaba, y frente a su cama estaba parada una delgada mujer, que era realmente hermosa y de larga cabellera. Su blanco vestido transparente dejaba entrever sus senos y sus caderas. Su boca decía algo que no podía oír, como si la conexión entre dimensiones tuviese una falla de audio, y con su mano señalaba el bosque que se podía observarse claramente desde la ventana. Su corazón latía aceleradamente y estaba asustado; sin embargo, trató de levantarse, pero su cuerpo no le respondió. En ese momento su esposa despertó y la mujer desapareció. Un rayo de luz enceguecedor le iluminó los ojos y su esposa estaba parada frente a él con un trapeador en la mano.
-¿Es que no piensas levantarte? Son las nueve de la mañana y debes reparar una filtración. El cuarto está anegado de agua- dijo Lucy mientras exprimía el trapeador en una cubeta. Ese día buscó filtraciones en la casa, pero todas las tuberías estaban bien.
Dos noches después, mientras dormía, escucho una voz que en susurro le decía: “acompáñame, te mostraré cosas que tus ojos jamás han visto”. Abrió sus ojos y la hermosa mujer estaba al otro lado de la ventana y le hacía gestos para que la siguiera. Sentía una atracción irresistible hacia ella. Más calmado esta vez, se incorporó de su cama y la siguió.
Caminó detrás de ella hasta el bosque –necesitaba descifrar el misterio para plasmarlo en la novela que su mente estaba maquinando– pero cuando estaba a punto de internarse en el bosque, un gato negro se abalanzó sobre su cara y cubriéndose de los arañazos despertó. Su cara presentaba rasguños y sus pies estaban llenos de barro. Nuevamente la habitación se había inundado de agua.
Ese día decidió incursionar en el bosque para investigar alguna pista que lo orientase con sus sueños; pero antes abrió su laptop y escribió:
“Jamás le he sido infiel a mi esposa, pero hay una belleza tal en la mujer con la que sueño, que enloquezco por saber su origen e historia. ¿Qué podría mostrarme que no haya visto o imaginado?”
Camino al bosque, se topó con un anciano decrépito que caminaba con un gato negro en sus brazos. El gato se erizó y huyó corriendo, al tiempo que el viejo le decía: “No te creas tan astuto e inteligente, entiende que el mundo de los sueños puede ser más real que tu realidad, y que tu realidad puede ser tan ilusoria como tus sueños”. No entendió el significado de esas palabras, pero le sonaron bien para incluirlas en su novela. Continuó su camino al bosque y se adentró en él abriéndose camino entre los matorrales. Luego de caminar durante largo rato llegó a una laguna de aguas oscuras y misteriosas, sentía una presencia ahí, pero nadie había con él. Estaba cayendo la noche y debía volver.
Al llegar a casa, antes de que se le fuera la idea, escribió en su laptop: “Creo haber encontrado la morada de la mujer de mis sueños, tal vez allí, en medio de la espesura del bosque esté el portal que conecta los mundos”.
Esa noche se acostó temprano esperando que su recurrente sueño volviese a ocurrir, presto para explorar los misterios del otro mundo, de la mano de una hermosa mujer espectral. Algunas veces la curiosidad y el deseo de explorar nuevas experiencias es superior al temor a lo desconocido.
Lucy, ignorando lo que ocurría, realizó como de costumbre su ritual para dormir. Un sin número de cremas para la piel, cepillar su cabello cien veces, y repetir cuarenta y cinco veces su mantra de protección, con un rosario especial de cuentas de sándalo. Pero, antes de terminar su conteo, ya se había quedado dormida. Esta vez fue ella quien tuvo un extraño sueño.
En medio de la oscura y húmeda noche despertó y vio por la ventana la silueta de su esposo que caminaba hacia el bosque; un aura brillante lo cubría al tiempo que alumbraba tenuemente el intrincado camino.
No había terminado de descifrar lo que veía cuando se hallaba siguiéndolo por la espesura del bosque tenebroso. Por un momento lo perdió de vista, y al mover unos matorrales vio una mórbida escena a orillas de un oscuro lago.
Su esposo flotaba desnudo en medio de la laguna. En los alrededores, a la orilla del agua, sátiros y ninfas se apareaban salvajemente y sus gemidos y jadeos dejaron de ser susurros y se intensificaron en su cabeza. Estaba petrificada, sin saber si volver o afrontarlo para ayudar a su marido, pero le era imposible moverse.
Lentamente, comenzó a emerger una blanca mujer desde las profundidades del agua y, cual si fuera un jinete, se sentó sobre él y empezó a cabalgarlo con movimientos rítmicos y violentos. Cuando la expresión del rostro de Marcel denotaba la proximidad de su orgasmo, la mujer traspasó su pecho con sus manos y extrajo su corazón, al tiempo que comenzaron a sumergirse en las aguas que se habían tornado rojo sangre.
De un sobresalto Lucy despertó, sintiendo un enorme peso sobre su cuerpo aletargado que le impedía moverse. Giró su cabeza y su esposo no estaba en la cama. Con dificultad logró sentarse y al bajar los pies, el suelo estaba inundado de agua. Las sábanas y sus pies estaban llenos de barro.
Ni ella ni las autoridades policiales pudieron hallar a Marcel, había desaparecido de la faz de la tierra. La policía cerro el caso alegando que seguramente se había fugado con alguna mujer; lo que confirmó Lucy al leer el final de sus apuntes en su laptop.
“Los placeres del inframundo prometen superar indescriptiblemente a los terrenales, aunque con ello deba condenar mi alma al fuego eterno de Moloch”.
--Texto de mi autoría E.Rivera--
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