La primera vez que cruzamos nuestras miradas, fue amor a primera vista y de una manera inesperada.
Con un abrazo fuerte me hablaste, sin decir una palabra, decias "quédate nuca te vayas".
Y en tu regazo me sentí seguro, como aquel niño mimado, no tenía miedo alguno.
Mientras el tiempo pasaba y yo creía ganarlo a tu lado, en realidad lo estaba perdiendo, por que los años se acortaban y yo seguia sin verlo.
Una suave mano tocaba la mía y haciamos de nuestros caminos uno solo. Mientras tu me sostenías, el viaje aunque fuera largo era seguro.
Me regalaste la sonrisa más hermosa, junto a la mirada más tierna. Disfrutaba jugar con tus cabellos, mientras arrecostado a tu pecho decias que me amabas.
Cada día escribíamos una nueva historía. Aquella que al final de su camino sigue viva en mi cabeza, tatuada en mi memoria.
Me han visto caminar en calles solas y oscuras, perdido en mis pensamientos vivo, donde tu y yo somos los mismos y el silencio mi compañia se ha vuelto.
Aún subo corriendo aquella colina, queriendo verte con los brazos abiertos esperándome arriba. Y soy yo quién se sienta bajo luz, bajo sombra extrañandote, reviviendo recuerdos para nunca olvidarte.
Un amor como el tuyo, a ninguno debería faltarle. No tenías que marcharte primero. Ya no soy ese niño seguro, ahora he crecido y me tocó vivir con miedo.
Me siguen viendo caminar sin rumbo, pero por ti, lograré mis triunfos y aunque hoy no estás, te llenare de orgullo.
Aquella noche fría que te fuiste, dejando mi corazón quebrado más que triste, tuve terror y me aferre fuerte a tu amor, ese que aún con tu ausencia existe.
Entre las tantas cosas que no entiendo y al mismo tiempo quiero, es el hecho de poder amarte cada día, más aún cuando ya no estas.
El poder de nuestro amor es tan fuerte, que no lo puede apagar ni la misma muerte.
Ambas editadas con mi Samsung Galaxy A20s.