Los que se quedan, siguen con sus vidas. Es igual a cuando alguien muere, ya no está pero la vida continúa, los días no se detienen.
Antes, les he mencionado que a la edad de 7años mis padres, me llevaron a Venezuela. No es nada fácil ser migrante siendo adulto, mucho menos siendo niño.
Ella es mi abuelita Hortensia, una doñita con un carácter especial, esa que aún en una silla de ruedas solía dar chancletazos a quien no le hacía caso.
Se sabía todos los chisme del barrio, pero nadie se podía meter en su vida. Contaba historias a los nietos que una abuela no se atrevería, cuando la memoria perdía.
Historias que no pude escuchar de su boca, los años pasaron y yo lejos, sin poder verla. No crecí como muchos, con esa suerte de tener a tu abuela cerca y a donde correr cuando mamá te pega.
En mis cumpleaños no estuvieron mis primos, ni yo en los de ellos. No tenía al tío borracho al que le pudiera sacar dinero.
Crecí solo junto a mis hermanos y en raras ocasiones nos dejaban jugar con los vecinos. En un país diferente, donde decir "cojer" sonaba atrevido.
Dios obra de maneras misteriosas, un día me prometí nunca hacerle lo mismo a mis hijas y sin embargo hace 3 años tuvimos que salir de Venezuela, siendo ahora yo, quien en migrantes a ellas convirtiera.
El domingo, pude ir a Guayaquil, luego de 26 años y reencontrarme con mi abuela. Ella tiene 96 años y aunque ya no me recuerda, pues su memoria ha perdido, me dio alegría verla con vida y que me haya sonreído.
¿Porqué no fue antes, si ya tiene 3 años en Ecuador?.
Guayaquil está cerca de donde vivo, a solo 3 horas, ir hasta allá era un gasto que durante ese tiempo no pude realizar, ya que entre la visa de mi esposo, los papeles de las niñas y gastos generados, no alcanzaba el dinero, más aún si uno solo es el que trabaja.
Sin embargo, hay que hacer esfuerzos y decidimos que era la hora y el tiempo.
También conoció a los bis nietos, el pequeño Joaquín durmió horas a su lado, creo que ese momento que pasamos no tiene precio.
Me hubiera gustado verla nuevamente cuando aún hablaba, bailaba y reía, pero solo Dios sabe el porqué suceden las cosas. Hace 2 meses cayó en coma y le pedí muchísimo a Dios para que me diera la oportunidad de verla con vida aunque sea una vez, ya que a mi otra abuela no pude. Dios me dio la oportunidad de que ella saliera del coma y aproveche a visitarla.
Y para finalizar, le escribí un poema a la abuelita.
Otros rumbos tuve que tomar, lejos de casa, a otro lugar.
Nunca pensé en el tiempo que me iba a llevar, estar nuevamente contigo y tu frente besar.
Hoy no me reconoces, pero sé que en tu memorias está, aquella niña de cabellos negro y ojos oscuros que solías en tus brazos cargar.
Anhelo escucharte aunque sea una vez más, que digas "mi palomita a su abuela vino a visitar" y con gran carisma juntas podamos bailar, que tu cumbia favorita yo te pueda cantar.
La familia siempre será primero, aún cuando lejos pueda estar, se que volveré a verte y eso ruego antes que al cielo te puedas marchar.
Todas las imágenes son de mi propiedad, tomadas con un Samsung Galaxy A20s, la imagen número 2 me la regaló mi tía.