¿Qué puedo decir sobre las mascotas que no se haya escrito antes? Creo que cuando se trata de interpretar el vínculo que nos une a ellas, caemos en muchísimos lugares comunes y a raíz de la partida de Aslan, un golden retriever dorado (a quien eternicé en un poema llamado El león de mi alma) y los sentimientos encontrados por el evento, me motivé a escribir esta divagación.
La historia corta antes de empezar a divagar es: Aslan llegó a nuestras vidas por el rescate de la calle que mi hijo menor hizo de él, quedó viviendo en mi casa una vez que emigró. El primer día que llegó me hizo llorar su estampa de debilidad, estaba en una situación muy lamentable. Se le dio el debido amor y lo recordamos ya saludable en la imagen que adorna ésta entrada.
"¿Descanso eterno?", imagen capturada con smartphone: MOTO G5 Plus
por en Maracay, Aragua, Venezuela
A la izquierda está Aslan con el motor roncando a punto de arrancar y a la derecha está Dana con la misma pose; ambos a punto de partir al lugar eterno de descanso. Duermen mucho, al igual que los adultos mayores en edad dorada, cuando el cansancio ya ha invadido su ser.
La tranquilidad que emana la imagen reconstruye la felicidad del hogar donde les ha tocado caer; todo ser vivo debería poder tener el sosiego que muestran ambos ángeles acá, pero creo en el karma como una manifestación sobre el dar y el recibir.
A pesar de la vida anterior que pudo haber llevado a la situación de calle de mi Golden, tuvo que haber hecho algo bueno en esta vida u otra, para que su suerte cambiara dramáticamente con nosotros.
Por tanto recibió lo que dio: el descanso y amor apropiado para una criatura de su edad durante un poco más de un año, en el momento que más lo necesitaba, sus últimos días pues.
El piso brillante y la pared blanca circundan sus cuerpos como el marco de un lugar donde sus almas estarán aún mejor y Dana parece esconderse debajo de la mesa de sala, de su destino seguro (ya tiene cerca de 18 años).
Adiós mi Aslan, aunque las lágrimas corran mientras esto escribo, agradezco al infinito haberte puesto en mi camino y gozar de muchas noches de tu ladrido de León protector. Adíos amigo, te lloro y te honro.