A temprana edad perdiste a tu madre, y por un momento una de tus alas se dobló y caíste, ya sin alguien que te enseñara a volar. Te costó levantarte, pero luego de tanto intentarlo volviste a alzar el vuelo. Muchos dudaron de ti, de la huérfana que no llegaría ni a bachillerato. Sus palabras te dolieron, te hirieron el corazón. Sin embargo tú te limpiaste las lágrimas y seguiste adelante, leyendo libros, aprendiendo difíciles ecuaciones matemáticas. Les demostrarías a esas lenguas chismosas que se equivocaban, pues tu fuerza de voluntad era más fuerte que el propio sansón.
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Admiro tu voluntad, ese espíritu que por nada se doblega ante la adversidad. No le temes a expresar tus pensamientos, tus ideas, ni mucho menos tu manera de ver el mundo. Fue esa independencia que te llevó a conquistar la cima, pues aún huérfana, aun sin el apoyo de tus propios familiares lograste graduarte de bachiller. Lo habías logrado… habías ganado una de las tantas batallas que vendrían, y tu voluntad se hizo más fuerte, más inquebrantable.
Continuaste luchando por tu futuro, cursando los más difíciles caminos. Hubo momentos agrios donde quisiste abandonarlo todo, pero tu constancia fue más fuerte. Lo intentaste, una y otra vez, hasta que conquistaste tu segundo reto: un título universitario. Aquellos que dudaron de ti se tragaron sus palabras, y no les quedó otra opción que aceptar tu victoria.
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Eres mi heroína mamá, porque le demostraste al mundo que una mujer aun sola, sin apoyo, sin recursos puede salir adelante. ¿Cómo no admirarte? ¿Cómo no quererte? eres ejemplo de lucha y de constancia. Y hoy, tanto en el día de la mujer cómo el de tu cumpleaños, te dedico todo mi amor. Tu espíritu evoca esa maravillosa virtud de fuerza y voluntad, y por supuesto la esencia de la mujer. Para ti, mamá: