Cuando alguna persona nos hace alguna cosa, como por ejemplo, nos quita a nuestra pareja, ya andamos queriendo vengarnos de él o ella. Nos persigue la rabia, el descontrol y los deseos incontrolables de cobrárnosla, y no estaremos tranquilos hasta pasarle factura.
La venganza, tan traicionera, tan mala consejera y maestra de las lecciones. O sea, un ser vengativo es un alma que odia, destruye, y no perdona. El perdón no es algo que el ser vengativo quiere porque obvio no se puede sufrir con él.
Esa palabra, sí: sufrimiento. Cuando queremos vengarnos de alguien lo hacemos con el único objetivo de causarle dolor, el mismo que quizás ellos nos hicieron sentir. A veces, la venganza es más bien personal, y tiene de aliada a la envidia.
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¿Cómo me explico? Ah, ya sé. Supón que has amado a una chica toda tu vida, pero la chavala se enamora de tu mejor amigo, ¿cómo reaccionarías? Muchos dejarían el asunto para el lamento con las sabanas, pero otros buscarán revancha, y no descansarán hasta verla hecha realidad.
Entonces andarán por ahí, esperando que el mejor amigo que les robó al amor de su vida se descuide para ¡Boom! Hacerlos sufrir, ya sea espichando las llantas de su auto, o llenado de papel higiénico su casa XD, y esas cosas por el estilo.
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Hay venganzas que por supuesto llegan a situaciones más graves, incluyendo la muerte. Pues sí, una persona sentimentalmente herida es una persona peligrosa. ¡Vaya que sí! Y entonces, sin mirar a quien, se abalanzan sobre aquel que los hiso pasar un mal rato.
La cuestión de este asunto es…
¿Puede la venganza causar regocijo?
Pues sí, inicialmente, pero luego viene el calvario. Porque hacer sufrir a otra persona no puede tener una recompensa a largo plazo, debido a que tarde o temprano nos pagarán con la misma moneda. La venganza no conlleva a solucionar nada, solo abre las puertas para la condena de quien la ejecuta.
Porque si alguien no hace daño y queremos devolvérselo, al final terminaremos siendo tan monstruos como esa persona. Es por ello que el perdón siempre tiene que pasar por nuestras opciones, pues al fin y cabo, la propia vida se encargará de hacer justicia. Y es mejor que en todo ese proceso, nos sintamos orgullosos de no caer tan bajo como esa persona que nos lastimó.
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