“Mujer virtuosa ¿quién la hallará? Porque su valor sobrepasa grandemente al de las piedras preciosas”
-Proverbios 31:10-
Ocurrió en el frío invierno de 1903, cuando Mary observaba detalladamente cómo los conductores, o los pasajeros de los autos lujosos de la época, les tocaba descender del auto para limpiar el vidrio panorámico, preventivamente para que el conductor no se fuera a estrellar o a salir de su carril. Ella esperaba a su esposo que estaba haciendo una compra. Le pareció incómoda la situación, pues la promesa del coche era viajar confortablemente.
Al llegar a su hogar, inició a elaborar en papel brazos mecánicos que se pudieran activar desde dentro del auto. Luego de darle vueltas al asunto, se presentó en la oficina de patentes de New York en 1904; inscribió un brazo mecánico en forma de palanca; a pesar de haber otros artefactos similares, el de ella -si funcionaba- En 1905 fue publicado el invento. En aquella época las mujeres tenían poco y nada de ser escuchadas. El modelo T de la Ford, apareció tres años después.
Pero fue en 1913, cuando todos los autos ya llevaban este artefacto que retiraba la lluvia, las hojas y la nieve del vidrio panorámico; claro, la historia cuenta que los fabricantes los rediseñaron, pero ninguno le dio el mérito a su inventora. La patente reposaba abandonada en un cajón de aquella oficina Neoyorquina.
Cada 9 de noviembre, la sociedad tecnológica actual, recuerda a las muchas mujeres inventoras; Mary Anderson es nuestra admirada invitada.
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