Una tarde, el aprendiz llegó buscando al abuelo de la playa, para consultarle algo relacionado con la relajación; él ha estado en un yate ayudando a reparar uno de los motores; -le dijeron unos conocidos- nadó hasta el yate, él abuelo muy generosamente lo escucho, -muchacho a tu edad, no creó que tengas situaciones que te hagan sentir nervioso, enojado o inestable- cuando una persona no ha adquirido sabiduría, suele dejarse arrastrar por estos tres enemigos de la serenidad; analiza la siguiente historia…
Hubo un gran novelista ruso llamado León Tolstoi; él cuenta en una de sus obras, la historia de los tres ermitaños. Resulta que en una isla alejada de la civilización, vivían tres viejos ermitaños, eran sencillos; su única oración era: “Somos tres; ten misericordia de nosotros, Altísimo Creador” en aquella isla contaban que a través de ellos y su oración ocurrieron grandes milagros. Un obispo católico supo de estos tres monjes y de su capacidad milagrosa, que decidió ir a conocerlos. Una vez que los localizó y les escuchó, decidió que era bueno enseñarles invocaciones y oraciones canónicas.
Días después el obispo partió en el barco. Minutos más tarde, vio una luz radiante que venía tras la embarcación y cuando el fulgor de la luz se acercó más, se dio cuenta que eran los tres monjes tomados de las manos y caminando sobre las olas, haciendo grandes esfuerzos para alcanzar aquel barco. Amigo obispo, le dijeron al unísono: -hemos olvidado las palabras que nos enseñaste para atraer bendiciones del Altísimo, favor de recordádnoslas- Asombrado y con humildad les dijo: ¡Olvídense de mí, y de lo que trate de enseñarles, sigan con su sencillo rezo! -Aquel obispo nunca creyó que alguien controlará de manera natural las leyes de la naturaleza-
¡Saludos apreciad@s amig@s!
El 15 de agosto se celebra el día de la relajación; y para este 2020, en pleno rebrote del virus, es cuando más la humanidad y las familias necesitan vivir de manera sencilla, confiada y serenamente; no absorbiendo el sin número de noticias y recetas para no ser contagiados. Debemos proceder como los monjes, hacer oraciones sencillas, creyendo que las fuerzas del Creador a través de la naturaleza nos protegen y nos guardan.
Relájate amig@, respira profundamente, varias veces al día, y si somos creyentes digamos como decían los monjes: “Ten misericordia de nosotros, Altísimo Creador”
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