Danielito aún no superaba los once años, llegó junto con su hermana de 15, regresó feliz por haber vendido 2 de sus pinturas.
Días atrás, cierta mañana se levantó y se presentó en la mesa del comedor familiar, y expuso sus ideas: Papá y mamá, como ya terminó el año escolar, en la feria del pueblo, separé espacio para exhibir 4 de mis cuadros, sé que venderé algunos de ellos; ¿Cuento con su apoyo? Los padres se miraron y al unísono respondieron que era una locura, nadie en la familia vende ni ha vendido en ferias.
Un tanto cabizbajo, se retiró sin decir nada, su hermana le dijo que esperara el fin de semana y cuando los abuelos estuvieran de visita, volviera a presentar su proyecto. Y así, aguardó con paciencia. Llegado el domingo, luego de la comida, le pidió a toda la familia que lo escucharán unos minutos; presentó alguno de sus cuadros. El silencio lo rompió el abuelo, déjenme -dijo- leer un proverbio bíblico, abrió en -Proverbios 22:6- “Entrena a un muchacho en el camino que debe seguir; y no se apartará de él, ni en la edad avanzada”
Haré hincapié en el camino que debe seguir; si desde temprano observamos las inclinaciones naturales de nuestros niños y jóvenes, los apoyamos y les empoderamos con los ambientes necesarios según la inclinación natural de cada uno; estaremos cumpliendo con lo mandado en el proverbio. ¡Danielito -dijo el abuelo- tus cuadros son esplendidos, cuenta con mi apoyo! Los padres del niño guardaron silencio. Luciana la hermana mayor de 15 años, se levantó y se comprometió a buscar un metro cuadrado en la feria y estar con su hermanito en su aventura temprana como expositor de sus propios cuadros.
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