There are days when you simply go for a walk and end up bumping into old childhood friends. That happened to me recently while I was exploring the city.
I've always felt a special connection with Mafalda. Her way of seeing the world, so critical yet so full of hope (and her eternal hatred of soup), is something that has always been with me. That's why, when I saw this painting, I couldn't help myself: I stopped in my tracks. It was like seeing a lifelong friend.
My face beamed with happiness—it wasn't an act, it was pure emotion! I love how the artist captured her rebellious yet sweet essence.
But the day didn't end with just a selfie... I kept walking, enjoying the city air, the old doors that tell stories, and those corners that smell of freshly brewed coffee.
I wanted to capture a different kind of memory. I love the contrast of my hair under the Buenos Aires sunlight, with that backdrop of ornate wooden doors that are so characteristic of neighborhoods steeped in history. And if you look closely, you can still see Mafalda's spirit accompanying me at the souvenir stalls!
Sometimes we don't need grand plans, just a good walk and running into those characters who made us smile when we were kids to make the day perfect.
Hay días en los que uno simplemente sale a caminar y termina encontrándose con viejos amigos de la infancia. Eso me pasó hace poco mientras recorría la ciudad.
Siempre he sentido una conexión especial con Mafalda. Su forma de ver el mundo, tan crítica pero a la vez tan llena de esperanza (y su eterno odio a la sopa), es algo que me acompaña desde siempre. Por eso, cuando vi este cuadro, no pude evitarlo: me detuve en seco. Fue como ver a una amiga de toda la vida.
Mi cara de felicidad, no es una pose, ¡era pura emoción! Me encanta cómo capturó esa esencia rebelde y dulce que tiene ella.
Pero el día no se quedó solo en una selfie...
Seguí caminando, disfrutando del aire de la ciudad, de las puertas antiguas que cuentan historias y de esos rincones que huelen a café recién hecho.
Quise guardar un recuerdo diferente. Me encanta el contraste de mi pelo bajo la luz del sol porteño, con ese fondo de puertas de madera trabajada que tanto caracterizan a los barrios con historia. Además, si miran con atención, ¡ahí sigue el espíritu de Mafalda acompañándome en los puestos de recuerdos!.
A veces no necesitamos grandes planes, solo una buena caminata y encontrarnos con esos personajes que nos hicieron sonreír cuando éramos chicos para que el día sea perfecto.