He estado leyendo diferentes autores, mirando a través del cristal de sus ojos. ¿A través de la lectura se pueden educar los sentidos? ¿Se puede sentir lo que no se conoce? Se dice que sí, porque el proceso de la lectura nos va llevando a ese estado de comprensión a través de los hechos narrados, las sensaciones pueden surgir al imaginar un paisaje, un momento, un gesto, en nuestra mente.
Sucede algo similar cuando miramos fotografías, son como ventanas que muestran detalles que a simple vista se nos escapan. Oscar Wilde decía ”La naturaleza imita el arte", en una de sus ironías que no me deja indiferente. Y es que el arte nos interpreta eso que no podemos captar con nuestros sentidos llanamente en la naturaleza. Otro tanto ocurre con la lectura.
Al leer vamos con nuestro bagaje, más pobre, casi siempre menos rico que el del autor, o por lo menos uno se despoja de mucho si quiere absorber con una mirada limpia eso que se nos presenta.
Mientras más códigos vayamos adquiriendo de la vida mejor vamos descifrando los mensajes que leemos.
Hace pocos días volví a leer Los hermanos Karamosov y aunque no es una lectura ligera me gusto mucho más esta vez que lo leí, además que me pareció un libro completamente distinto al que leí hace años, aquel ni lo recordaba. Esta vez he podido fijar mejor mi atención y he logrado ver lo que no pude en una primera lectura.
La lectura nos brinda una fuente de apoyo y de inspiración a esos días que se sienten vacíos de poesía, de alegría, es una forma de ir de paseo a una fuente y tomar agua fresca, y mirar el paisaje y disfrutar lo que nos brinda ese instante que también se queda guardado en la memoria.
Un buen libro es un amigo, tiene lo mejor en sí para dar, es un regalo.