El piloto automático
lleva tiempo encendido;
ni siquiera se mira realmente al espejo.
No se da cuenta.
Suenan las mismas canciones,
piensa "después hay tiempo".
Por la ventana cambia el paisaje,
en el espejo cambia el paisaje;
nada se siente diferente
y sin embargo, nada es el lo de antes.
La lucidez abruma algunos días;
por segundos parpadea
y se hace conciente del tiempo,
por segundos pesa,
por minutos asfixia;
es fácil pulsar de nuevo
el piloto automático,
hay excusas suficientes
para mirar hacia otro lado.
No se puede escapar para siempre,
no hay tanto tiempo;
no es algo nuevo,
fingimos olvidarlo.
Y en mi camino,
sé, voy dormida;
pero es más fácil
seguir andando.
Saludos mis queridos lectores. Sé que llevaba unos días en silencio, pero estoy de regreso. Sigo sin internet y algunos días aislada de las noticias hasta que llegó al trabajo y me ponen al día mis compañeros. Hoy me levanté un poco más temprano para aprovechar los datos (que solo me funcionan de madrugada) y dejarles este poema.