Claudia se deslizó en silencio hasta el cuarto de sus niños, tenía dos: Andrea de 4 y Alejandro de 6 añitos. Dormían como unos angelitos, pero ¡que difícil había sido lograr que se durmieran! Habían jugado toda la noche con los vecinitos antes y después de la cena navideña. Todos riendo, peleando y esperando ansiosos los regalos que recibirían a la mañana siguiente.
Fue hasta el cuarto de su mamá que también estaba dormida. Pobrecilla, había tenido que lidiar con toda la energía y emoción de los niños además de preparar la cena ella sola, porque Claudia había tenido que trabajar hasta casi las 7:00 PM, pero el lado bueno es que para fin de año solo tendría que trabajar hasta la 1:00 PM. era así como lo habían sorteado en la empresa.
Con cuidado de no despertarla sacó los regalos del armario, los de los niños (que gracias a Dios había pagado a plazos desde agosto) y el de su mamá. Incluso sacó una bolsita plateada en la que iba una blusa para ella. Era la que había comprado para ponerse en fin de año, pero la haría pasar por un regalo navideño. Los niños habían llorado mucho el año anterior cuando vieron que todos tenían regalos menos ella y le dieron la mitad de los dulces que ella les había puesto en sus medias colgadas en el árbol. Este año había previsto la situación.
Colocó en silencio los regalos bajo el árbol. Y llenó las medias con caramelos (este año también había una para ella y otra para la abuela). La sala solo estaba iluminada por el titilar de las luces del árbol. Tomó la foto de su difunto esposo y se sentó en el suelo frente al árbol; dió gracias porque todo había salido bien. No era fácil criar dos niños sola, aunque su mamá la ayudaba y eso era una bendición.
"Te extraño" le dijo bajito al retrato. De la calle venía el sonido amortiguado de las risas de los vecinos y la música de villancicos. Lágrimas corrieron por sus ojos, era una mezcla de emociones... Había trabajado muy duro todo el año para que a los niños y a su mamá no les faltara nada. Les había comprado la ropa en los descuentos y pagado los regalos a plazos. Para la cena la ayudó, enviándole algo de dinero, la hermana de su difunto esposo que vive en otro país; también había enviado regalos, pero debía llevar a los niños a casa de sus abuelos para buscarlos. Ellos no la ayudaban mucho, pero ella no quería que los niños perdieran contacto con aquella parte de su familia.
Pasó un buen rato hipnotizada por las luces y perdida en sus recuerdos. La mirada nublada por las lágrimas y abrazando muy fuerte la fotografia. Se levantó aún abrazando la foto de Alvaro y la besó antes de devolverla a su lugar. "Feliz navidad, amor mío", susurró. Justo cuando se dió la vuelta escuchó los gritos de alegría de sus niños que se habían levantado. Daban saltitos frente al árbol y ella sintió una mezcla de alegría con cansancio. "¿Podemos abrir ya los regalos?" preguntó Alejandro con los ojos brillosos. "¿Mamá, has visto al niño Jesús o será que vino Santa como en las películas?" Preguntó Andrea aún más emocionada. "Cuando salí del cuarto ya se había ido, no sé cuál de los dos vino, cariño" respondió con una sonrisa. "¿Podemos abrir los regalos? Ya no tenemos más sueño" interrumpió Alejandro impaciente. "¿Y a qué esperamos?" Dijo otra voz detrás de ellos."¡Abuelita, vamos!" gritaron los niños a coro antes de lanzarse a revolver las cajas bajo el árbol.
Claudia se sentó en el suelo frío, para abrir los regalos con sus hijos y así los agarró la salida del sol. Estaba exahusta y feliz, había sido un día muy largo, pero al menos no tenía que ir a trabajar aquella mañana.
¡Saludos, mis queridos lectores!
Esta es la tercera entrega de Escenas Navideñas, una serie de relatos cortos, ejercicios de narrativa quizás muy parecidos a la realidad, pero totalmente ficticios, en donde vemos pequeños instantes navideños, a través de distintos ojos.
Aquí pueden leer las entregas anteriores:
¡Hasta la próxima entrega!
Imágenes de mi autoría, tomadas con teléfono redmi 9a.