Había llegado octubre y la empresa había mandado a todos los empleados llevar lacitos rosas; además les mandaron a repartir cientos de panfletos en las calles más concurridas. Pero Ana había hecho todo lo posible por no participar de aquel circo. Sí, para ella aquello era un circo, una pantalla, una campaña publicitaria que le revolvía el estómago y la enfermaba.
Si no había renunciado aún era porque su mamá y su hijo dependían solo de ella. Pero aun le dolía caminar por aquellos pasillos, recordar que Mirella ya no podría caminar junto a ella de regreso a casa.
Mirella había sentido un bulto en su seno derecho. Había ido al médico y le mandaron muchos exámenes que no podía costear. Ninguno de los exámenes fue realmente concluyente.
Una mamografía hubiera podido diagnosticar correctamente, pero no la podía costear de manera privada y no podía acceder por el seguro del trabajo porque según ellos con 20 años, era demasiado joven y no la necesitaba.
Le pusieron mil peros y mil trabas. Le dijeron que era una exagerada y tan difícil se lo pusieron que lo dejó así. Total los otros exámenes no habían arrojado ninguna señal y ella tenía demasiado trabajo y demasiadas deudas para endeudarse más.
Yo estaba tan metida en mis propios problemas que no la apoye lo suficiente. También me parecía demasiado joven para tener cáncer. Que equivocados estábamos todos.
Un año después Mirella se empezó a cansar con tan solo caminar, empezó a faltar tanto que la presionaron para renunciar. Me da mucha rabia recordarlo, tanta que no sé cómo pude quedarme acá; pero la necesidad tiene cara de perro.
Lamentablemente el bulto en su seno si era cáncer y se había extendido a sus pulmones.
Sigo pensando que si la empresa la hubiera apoyado se hubiera podido hacer esa mamografía y aún estaría con nosotros. ¿Cuánto valen esos cientos de panfletos que repartimos en las calles? ¿Cuánto gastan en publicidad? ¿Por qué las empleadas no podemos hacernos una mamografía y Papanicolau, ni siquiera cuando hay signos de que la enfermedad nos acecha?
¿Cuántas Mirellas mueren cada año por no poder acceder a tiempo a la atención médica, por no ser diagnosticadas a tiempo?
¿A cuántas de ustedes han llamado paranoicas por querer hacerse una mamografía siendo muy jóvenes?
¿Cuántas de sus amigas, vecinas o conocidas han padecido está terrible enfermedad?
Esta historia es una ficción y cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.
Fotografías de mi autoría tomadas con telefono redmi9a.