✍️ Por José Bustamante
Lately, I've been reflecting on the most valuable resource we have and I've realized that I've never been good at talking about time — not the weather, but that invisible resource that inevitably slips through our fingers.
From my perspective, talking about time is almost like talking about air. We know it’s everywhere, yet we rarely stop to observe it. We assume it’s infinite, and that’s how we use it — unconsciously. The painful part is when we finally feel it slipping away and start to truly value it.
For many years, I lived under the illusion that I had all the time in the world — that dreams and people would always be there waiting for me to finally dedicate some of my time to them. I thought there would always be a "tomorrow", a "later", a "maybe someday". But I've realized that’s not the case. That’s why I now treat time as one of the most fragile, valuable, and powerful treasures we can possess.
This text doesn’t come from theories or borrowed words, but from personal experience. From all the mistakes I’ve made. From nights I went to bed with the strange sensation that the day had slipped away like water through my fingers. This is not a lesson in productivity or a motivational speech — it’s a personal reflection that I hope, with all my heart, might help someone else reflect, just as it helped me reconsider how I’ve been living my days.
For too long, I confused “being busy” with “living”. I filled my schedule with commitments, projects, meetings... and proudly called it “productivity”. But deep down, I felt an emptiness. I was afraid to accept that my time was not my own.
Then, as often happens, something shifted — not from a book, a course, or a seminar — but during a simple conversation with a childhood friend at a café, who said:
Have you noticed that we never have time to live, but always find space for what's urgent? What if we treated our priorities like emergencies? Could we live more fully, with less stress and more satisfaction?”
That question shook me. It led me into a kind of existential crisis. I realized that whenever I said “I don’t have time,” what I really meant was “That’s not a priority.” I saw how many times I delayed calling my parents, going out with friends, or making time for myself. I was always “too busy.” But busy with what? Filling my life with meaningless tasks?
Time can’t be saved, recovered, restarted, or renewed. The only thing we can do is use it wisely — by being present and honest with ourselves.
Time is not measured in clocks, but in memories, lessons, and lived moments. This shift in perspective didn’t make me more productive, but it made me more aware, and less selfish with myself. I started saying yes to what nourishes me, what builds me — not just to what drains me.
I don’t know what stage of life you’re in, but if you’ve read this far, I invite you to pause, take a deep breath and ask yourself:
Am I using my time the way I want, or the way others expect me to?
Even if the answer is uncomfortable, it may be the beginning of a powerful transformation.
Wishing you good times ahead!
⌛El Valor del Tiempo: La lección que aprendí
✍️ Por José Bustamante
Últimamente he estado pensando sobre el recurso más valioso que tenemos y me he dado cuenta de que nunca he sido bueno para hablar del tiempo y cuando me refiero al tiempo, no es precisamente al clima, sino a ese recurso invisible que sin evitarlo se nos escapa entre los dedos.
Desde mi punto de vista, hablar del tiempo es casi como hablar del aire, sabemos que está en todas partes, sin embargo rara vez nos detenemos a observarlo. Creemos que está ahí para siempre como un recurso inagotable y es así como lo usamos sin conciencia. Lo más doloroso de esta situación, es cuando sentimos que se nos está acabando y es cuando realmente empezamos a valorarlo.
Por muchos años he vivido con la falsa ilusión de que era poseedor de todo el tiempo del mundo, de que los sueños y las personas siempre estarían esperando a que yo decidiera tomar un poco de mi tiempo para dedicárselo, porque he creído que siempre habrá un "mañana", un "después", un "luego veo" pero me he percatado de que no es así. Por eso desde ahora valoro el tiempo como uno de los tesoros más frágiles, de mayor valor y más poderosos que podemos tener.
Quiero subrayar que este escrito no nace de otros textos, teorías infundadas, ni de un lugar de superioridad moral, por el contrario, nace desde mi experiencia, de todos los errores que he cometido, de esas noches en las que me acostaba con la extraña sensación de que el día se me había escurrido como agua entre los dedos. Tampoco la intención es dar lecciones de productividad, ni ningún sermón motivacional (aunque siempre son necesarios), es simplemente una reflexión muy personal que espero de todo corazón que le sirva, tal como me ha servido a mí para replantearme cómo he estado viviendo mis días.
Lamento que durante mucho tiempo confundí el "estar ocupado" con "estar viviendo". En todo momento llenaba mi agenda de compromisos, proyectos, reuniones... y orgullosamente lo llamaba "productividad", pero sentía en el fondo un vacío, como si algo me pasara y no sabía qué, realmente me resistía a aceptar que mi tiempo no era mío.
Pero como suele suceder en determinado momento, hace algunos días hubo un punto de inflexión y no por un libro, ni de un curso o una charla motivacional, fue por una simple conversación con un amigo de la infancia, con quien hablaba amenamente en una cafetería y quien me dijo:
¿Te has dado cuenta de que nunca tenemos tiempo para vivir, pero siempre encontramos espacio para lo urgente? ¿Qué pasaría si tratamos nuestras prioridades como emergencias? ¿Será que podríamos tener una vida más plena, con menos estrés y mayor satisfacción?
Este poderoso cuestionamiento caló en mí, me condujo a una crisis casi existencial, comprendí el error de las veces que decía "no tengo tiempo" cuando lo que realmente quería decir era "esa no es mi prioridad". Descubrí las muchas veces que postergaba llamar a mis padres, salir con amigos, dedicarme momentos para mí, porque decía que estaba muy ocupado, y surgió el cuestionamiento ¿Ocupado en qué? ¿Acaso en llenar mi vida de cosas sin sentido?
El tiempo no se ahorra, no se recupera, no se reinicia, no es renovable, por eso lo único que podemos hacer con él, es usarlo bien, para ello necesitamos estar presentes y ser honestos con nosotros mismos.
Es importante tener en cuenta que el tiempo no se mide en relojes, sino en recuerdos, aprendizajes, momentos vividos... Cambiar de perspectiva no me hizo más productivo, pero sí más consciente y menos egoísta conmigo mismo. Empecé a decir sí a lo que me nutre, me edifica y no solo a lo que me desgasta. Sin duda el tiempo es una gran oportunidad de estar más presente en nuestras propias vidas.
No sé en qué etapa de tu vida estás, pero si llegaste hasta aquí te invitamos a que te detengas por un instante, respires profundo y te preguntes:
¿Estoy usando mi tiempo como yo quiero o como otros esperan que lo use?
La respuesta aunque parezca incómoda, puede ser el inicio de una transformación poderosa.
¡Felicidades y buenos tiempos!