Tenemos infinidad de posibilidades de movernos en muchas direcciones en nuestra vida, finalmente todo depende de nuestras decisiones, el libre albedrío nos fue otorgado para que hagamos uso de el, a algunos les gusta, a otros no. Hay quienes prefieren ser movidos en una dirección determinada, como especies de maniquíes, que para ningún lado van, sólo cumplen un propósito, el de servir a alguien, no más de ahí, y les respeto también, porque es también una manera de vivir ,que no comparto, claro está, pero es una forma.
Unir las piezas que andan sueltas por la vida para poder hacer una visión de algo global, no es fácil, por eso entiendo que algunas personas prefieran librarse de ese gran trabajo que implica el hecho de tener que pensar en sus próximos pasos, más sabiendo que nada de lo que programen o planifiquen será tal como lo han previsto, incluso, pudiera no darse absolutamente nada, y podría ser muy frustrante, por eso, les comprendo, pero sigo sin estar de acuerdo.
La frustración no es algo fácil de llevar, implica una carga emocional muy fuerte, y al igual que muchas cosas más podríamos decir que no son del agrado de nadie, pero esto forma parte de la vida, y si la queremos vivir debemos hacerlo con todo, lamentablemente para muchos no podemos escoger entre una cosa u otra.
La imagen que utilizo en esta publicación es la de una reina del conocido juego de ajedrez, es la única que puede moverse para todos lados, en la dirección que le plazca, y cuantos beneficios disfruta con eso, es capaz de eliminar pieza a distancias muy granes y regresar, pero eso tiene sus desventajas también, exponerse y no evaluar cada movimiento futuro de su contrincante, obviando alguna posibilidad les expone a una eliminación de la pieza.
Es por eso que cuando logramos tal grado de libertad va de la mano con grandes riesgos, es la realidad, no podemos hacerla a un lado, y como lo dije anteriormente, no podemos pretender sólo disfrutar de un cielo despejado, debemos tener muy presente que así como lo vemos soleado y despejado también habrá sus momentos de oscuridad y nubes muy negras.
Aprender a vivir no es cosa fácil, tener la capacidad de elegir viene de la mano de asumir algunas responsabilidades para las que tenemos que prepararnos y que de no hacerlo de manera consciente, la vida misma se encargará de darnos la lección de una manera muy desagradable.