Cuando somos niños soñamos con muchas cosas, deseamos ser un piloto de avión, médico, empresarios, soñamos con muchas cosas, que de cierta manera son un anhelo de muchos, en buena medida lo que ocurre es que estamos influenciados por lo que vemos en la TV, porque algunas profesiones soñadas por nuestros padres nos son impuestas, ya esto último lo he comentado en otras publicaciones.
No creo que los padres buscan las formas de hacerte sentir gusto por alguna carrera profesional en particular porque quieran hacernos daños, sino más bien para buscar las maneras de que estemos mejor que ellos, en muchos sentidos, pero a veces la persona por condición natural no quiere estudiar años en una universidad, sino más bien dedicarse a un oficio que amerite de menos preparación intelectual y/o académica, pudiéramos decir, y eso no estaría mal.
He conocido a personas que disfrutan trabajar como taxistas, realmente lo disfrutan, pasan el día circulando por las calles, conociendo cientos de lugares a lo largo de su vida, que es algo que no todos pueden hacer, se sabe que los viajes no son precisamente de disfrute, pero no quiere decir esto que no lo hagan, y si algo tengo muy claro es que a medida que más experiencia tenemos se nos hace mucho más fácil entender otras tantas cosas.
La sociedad casinos obliga a que debemos ir a la universidad y todo lo demás, profesionalizarnos, pero el problema es que esto no siempre llena las necesidades de todos, de hecho, me atrevería a decir que por mucho que aún niño o adolescente se le haga ver lo bueno de estas, de adulto cada quien termina por tomar sus decisiones en relación a lo que quiere hacer con su tiempo de vida.
Por eso es que los oficios suelen ser la elección de mucho, o abrir algún pequeño negocio, uno de reparación de calzados, por ejemplo, ser taxista o cualquier otro oficio, también pueden ser este una gran alternativa.
El problema es que socialmente se piensa que ir a la universidad debe ser el camino y se le resta importancia a las personas que cumplen funciones fundamentales en la sociedad, que no por no tener un título universitario debería ser menos importante, me atrevería a decir que lo son tan necesarios como algunas profesiones, y el que no tenga una persona un título no quiere decir que valga menos o que su futuro sea menos esperanzador, al menos no a la luz de la realidad actual.