Aprovecho la efeméride del nacimiento de Jules Laforgue –16 de agosto de 1860– para presentar o recordar a este importante pionero de la poesía moderna, quizás poco conocido o resaltado entre los actuales lectores o interesados en escribir poesía. Pero su aporte es capital, como intentaré puntualizar más adelante y veamos algunos fragmentos de sus poemas.
Jules Laforgue nació en Montevideo (Uruguay), pero sus padres procedían de Francia, adonde regresaron. Publicó en vida dos libros de poemas: Lamentaciones (Les Complaintes) en 1885, y La imitación de Nuestra Señora la Luna (L’Imitation de Notre-Dame de la Lune) en 1886, aparte de algunos cuentos filosóficos y ensayos críticos. Murió en París, a muy temprana edad, a los 27 años, en 1887, producto de una tuberculosis aparentemente hereditaria. Luego de su muerte fueron publicados otros textos suyos.
Jules Laforgue es considerado uno de los padres de la poesía moderna, junto a Charles Baudelaire, a quien admiró. Inicialmente su tendencia en literatura es simbolista; en actitud y visión de vida, un "decadentista" (téngase en cuenta que se trata de un signo que marca el final del siglo XIX). Incluso se reconoce la influencia que tuvo en él la filosofía pesimista de Arthur Schopenhauer, y se asocia a esa "profunda conciencia del vacío en que el hombre navega a ciegas, sin saber de dónde viene ni a dónde va", como expresa Balakian.
Su obra poética ejerció gran influencia años más tarde, en los propulsores de la poesía del siglo XX, como Guillaume Apollinaire, Ezra Pound y T. S. Eliot, debido a tres aspectos capitales presentes en su producción poética: el uso del verso libre, la atrevida utilización de la ironía y su lenguaje coloquial.
Se desentiende de la regularidad métrica; usa el soneto, pero violenta sus marcos con libertad, usando un orden sintáctico alterado y discontinuo. Si bien Rimbaud había hecho uso del verso libre, es Laforgue quien lo introduce con una firmeza definitiva; seguramente influenciado por Walt Whitman, de quien fue su primer traductor al francés.
Limpia de adornos excesivos al verso y utiliza una construcción verbal corriente y coloquial. Esa inclinación favorece un recurso capital en su estilo: la ironía, que alcanza niveles altos en sus últimos poemas. Una ironía escéptica, irreverente, que puede llegar a ser perturbadora, que llega a ser, incluso, una parodia de sí mismo, rasgo que sería muy apreciado posteriormente.
Los poemas de Laforgue suelen ser extensos. Les presentaré a continuación dos relativamente breves, que quizás no sean los más ilustrativos de lo que he dicho.
Cigarrillos
Sí, este es un mundo plano, pero el otro mundo es una tontería.
Me resignaré, desesperadamente, a mi destino,
Y para matar el tiempo, esperando la muerte,
Fumo buenos cigarrillos en la nariz de los dioses.Vamos, vivan, luchen, pobres esqueletos del futuro.
Yo, el meandro azul que se retuerce hacia el cielo...
Me sumerge en un éxtasis infinito y me pone a dormir...
Como los perfumes moribundos de mil castañuelas.Y entro al paraíso, floreciendo con sueños claros...
Donde vemos mezclarse en fantásticos valses...
Desde el celo de los elefantes hasta un coro de mosquitos.Y luego, cuando me despierto pensando en mis versos,
Contemplo con un corazón lleno de dulce alegría,
Mi querido pulgar se asó como una pata de ganso.
En un fino uso de la ironía, con tono irreverente, el hablante (¿un poeta?) se regodea en su ocio, en su "paraíso artificial" (al modo de Baudelair), con su cigarro, escapando del "mundo plano" y del inexorable destino (la muerte), no sin cierta parodia de sí mismo.
A la memoria de una gata enana que yo tenía
Ah, mi querida gata friolera, cuando el otoño
hacía chillar a gritos a los niños en sus patios,
cuántos días de hastío pasamos juntos
soñando encerrados en mi cuarto cara a cara.Alisaba tu lengua tu pelo sedoso, rosa y áspera
con un gesto grave distinto a los juegos,
mientras venías con paso callado lentamente
a estirarte ante mí en una noble pose.Y yo pensaba, perdido en tus pupilas de oro:
—¿No sospecha nada, nada, del globo absurdo
que lo arrastra conmigo a través del Vacío,nada de Astros lejanos, ni Dioses ni Muerte?
Pero... esos ojos hondos... a veces me aterran.
¿Lo sabrá todo?— No, porque es la Esfinge.
Entre lo cotidiano y lo coloquial, este soneto nos confronta con el sentido de la incertidumbre con una aguda ironía, condensada en su último verso.
Referencias:
Balakian, Anna (1969). El movimiento simbolista. España: Edit. Guadarrama.
https://es.wikipedia.org/wiki/Jules_Laforgue