El 12 de noviembre de 1648 nacía en un pueblito de México, Neplanta, la que habría de ser la primera voz femenina destacada de la literatura hispanoamericana, Sor Juana Inés de la Cruz, figura a la que la comunidad #Literatos ha dedicado su actual concurso.
Tomo un momento final de su vida para ficcionarlo brevemente, a partir de la información que nos ofrece Octavio Paz en su extraordinario libro Sor Juana Inés de la Cruz o las trampas de la fe. Mi texto intenta ser una esquela que escribiría la poeta en sus últimos días al obispo de Puebla, Manuel Fernández de Santa Cruz, la identidad detrás del seudónimo referido. Añadí al final algunas notas, que están indicadas en el texto con números.
Fue usted quien me hizo escribir esa carta (1) que ahora me inculpa con la Madre Iglesia, y que se ha convertido en el arma por excelencia de mis censores y perseguidores, cebándose en mi contra como monja y como mujer. Me sedujo usted con sus lisonjas a mi inteligencia y a mi verbo, y yo, cayendo en la vanidad en la que no quería “consumir la vida” (2), fui presa fácil en ese enredo de poder.
Lo que no pude o quise decir en mi Respuesta a Sor Filotea de la Cruz, lo declaro ahora, en estos días que creo son mis finales, pues la epidemia me tomó.
¿Por qué usar ese seudónimo? (3). La máscara, tan propia de las antiguas fiestas de la carne y del teatro, es instrumento poco limpio en su artificio. Expuesta al encono del poder del arzobispo de México, usted, obispo de Puebla, hizo uso del suyo y de sus ardides para acometer su retaliación contra aquél rival, y yo le serví para ello.
El asedio de la alta jerarquía en mi contra fue implacable, y me vi obligada a renunciar a mi biblioteca, instrumentos musicales y colección de objetos que fueron vendidos vilmente o convertidos en tesoros personales del innombrable arzobispo. Y usted no hizo nada para impedirlo.
Por mucho tiempo resistí las embestidas de todo tipo. Nunca me dejé doblegar para que abdicara de mi condición de mujer dedicada a las letras profanas, a los “estudios humanos”, como usted dice en su carta y tal reprobó mi confesor, y así se lo insinué en mi respuesta.
Finalmente, constreñida por la amenaza casi inquisitorial, escribí aquel reconocimiento y acusación de mis pecados, mi abjuración –¿recuerda usted?– que firmé con mi sangre. Sin embargo, como también le dije en mi respuesta, no podía en mi fuero interno renunciar a lo que era esencia de mi naturaleza: la búsqueda del conocimiento y mi amor por las letras. Allí dejo un romance, que quizás llegue a ser leído alguna vez (4), del que destaco este verso: “No soy yo la que pensáis”.
Juana Inés de la Cruz, la peor del mundo (5).
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1 La Carta Atenagórica, escrita por Sor Juana a petición del obispo de Puebla, en crítica a un sermón del teólogo Vyeira.
2 De su soneto que termina: “que consumir la vida en vanidades”.
3 Manuel Fernández de Santa Cruz, obispo de Puebla, usó el seudónimo “Sor Filotea de la Cruz” para hacer el prólogo al texto de Sor Juana e incluyendo una carta a ella.
4 Es el romance que en las ediciones aparece bajo el número 51, que fue encontrado como borrador después de su muerte.
5 Es la expresión encontrada en el Libro de profesiones del convento, escrita meses antes de su muerte.
Reeferencias:
Paz, Octavio (1982). Sor Juana Inés de la Cruz o las trampas de la fe. España: Seix Barral.
Sor Juana Inés de la Cruz (1994). Obra selecta. Caracas: Biblioteca Ayacucho.
Si estás interesado en leer la Respuesta a Sor Filotea de la Cruz, puedes acudir a este enlace.