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Quito, Ecuador
Bella dama:
Llegó a mi vida de forma intempestiva, pero con algo característico de su espectacular ser, una sonrisa que irradia la energía que no tiene el sol más brillante de mediodía. Como si se tratase de Hera, la diosa de los vientos, son totalmente suyos, los sentidos suspiros que mi ser emana, cuando en usted pienso.
Perdonara la forma epístola, en la que dejo fluir mi sentir. Podría ser más directo, e incluso utilizar un lenguaje vulgar y digno de algún artista del momento, para hacerle saber lo que con su existencia está ocasionando en mi persona; pero heme aquí, dirigiéndome a usted de la forma en la que el Bolívar se dirigía a la Sra. Saenz. Considero que es de esta forma, que se puede hacer honor a la posición elevada, en donde, mi consciencia, con mucho respeto la posiciona
Espero lograr que sin ser malsonante, sepa usted, que estoy dispuesto a vivir de forma plena, y sin temor alguno a las consecuencias posibles, una aventura que derive en el romance más vívido de nuestra historia. Espero permita usted, la oportunidad, de que esta relación fluya, como el cauce de un río, imparable y cobrando fuerza a medida que avanza, vence obstáculos y se abre camino ante lo que sea, con la finalidad de llegar a su desembocadura.
Si supiese las ocasiones en que a través de mi día pensé en usted, podría decirse que compiten con la cantidad de estrellas en el firmamento durante la noche más oscura. Es tan inmensa la cantidad de cosas buenas que obtiene aquel dichoso ser que se ubiqué a su lado, y conquiste su corazón, que solo se pueden comparar con la cantidad de gotas de agua en la totalidad de nuestros océanos.
Quisiera escuchar su voz, para ser completamente suyo, pero mientras esto no sea posible, permita usted la oportunidad de preguntar, ¿Fue de su agrado mi misiva? ¿Puedo seguir escribiéndole?.
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