Si no creyera que todo en ésta vida se mueve a través de una causalidad que es tan real como la Física aplicada, no podría imaginar que Federico García Lorca ya intuyera y escribiera su propio epitafio en diciembre de 1918, cuando en su poema ‘Elegía’, sus emociones se desbordaron en unos versos, que con la claridad de un rayo de luna posado en la orilla taciturna del Genil, sentenciaban su trágico destino: ‘tu cuerpo irá a la tumba intacto de emociones. Sobre la tierra brotará una alborada…’ (1).
Poeta en Nueva York, escapulario libertino de la Cofradía de Toledo, soñador del Madrid que asistió a la magia de las noches del Buen Retiro de Baroja, mientras los gallos de la madrugada ensombrecían las luces de bohemia de Valle Inclán y Galdós rumiaba, sentado en la Chocolatería de San Ginés con el gato en su regazo, la flor y nata de unos Episodios Nacionales, el heroísmo de cuyos protagonistas poco tenía que ver con la España que fue verdugo, juez y aparte.
No en vano se ha dicho siempre, que los poetas son el alma de los pueblos y el pueblo que calla a su poeta, calla al canto y se calla también a sí mismo.
Federico era flor y era luna y era también carita de gitana que canta al niño que está en la cuna, mientras las estrellas, oropeles, cascabeles y churumbeles, en el firmamento corean la eterna melodía, de esa cadena de besos y abrazos que es, que debería de ser la vida.
Hoy, paseando por las calles de Madrid, me he acordado de Federico y como cantara Jarcha, recitando a Machado, cuando la Democracia en España comenzaba a ser semilla de la Esperanza, yo también he recordado ésta estrofa de su canción:
‘Muerto cayó Federico,
sangre en la frente y plomo en las entrañas,
que fue en Granada el crimen, sabed,
en su Granada…’ (2).
Notas, Referencias y Bibliografías:
Federico García Lorca: ‘Antología poética’, Ediciones Orbis, S.A., Barcelona, 1997, página 9.
Jarcha: ‘Elegía a Federico García Lorca’, canción basada en el poema de Antonio Machado, titulado: ‘El crimen fue en Granada’.
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