Desde que tuve ocasión de visitarla hace algunos años, Barcelona, la Ciudad Condal, siempre me ha parecido un auténtico universo por descubrir.
En base a ello, no ha de resultar extraño, que aquél rey de la rumba o del ‘caramba carambita carambí y ulá’, que fuera Peret, ya la describiera como ‘la Gitana Hechicera’.
Y en efecto, Barcelona, metafóricamente hablando, es como la vieja gitana que en las ferias tradicionales –además de leer las líneas de la mano o mira la bola de cristal desde la profundidad de unos iris en los que se advierten los antiguos genes de la sabiduría de los arios vindyos- saca el mazo de cartas del Tarot y cada Arcano es un misterio que hay que descubrir.
Por eso, el Paseo de Gracia es un universo alternativo, donde el Loco, el Mago, la Sacerdotisa, el Diablo, el Mundo y el resto de los Arcanos Mayores de la baraja de la Sabiduría, asaltan la curiosidad del visitante, seduciéndole con la fuerza de su magnetismo.
Magos de la Arquitectura, como Antoni Gaudí, Comas i Thos o Puig i Cadafalch adoptaron como modelo a una Sacerdotisa, a la que denominaron Reinaxança o Renacimiento, cuyo legado está contenido en unos edificios increíbles y modernistas, que infundieron a la ciudad, qué duda cabe, un cariz eminentemente especial.
Por ello, recorrer el Paseo de Gracia hasta las Ramblas y la famosa Fuente de Canaletas, donde tradicionalmente los seguidores culés celebran los triunfos de su equipo, constituye una aventura desbordante de imaginación, de magia y de misterio, adjetivos que pueden resumirse, sin embargo, en dos sencillas palabras: belleza y esplendor.
Una belleza y un esplendor, que desde luego, no pasan desapercibidos para viajeros, turistas y visitantes, que hacen de su visita a Barcelona, una experiencia no sólo especial, sino también, sencillamente inolvidable.
Barcelona: la Gitana Hechicera.
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