Sigo sentándome en aquel lugar, mirando el intenso azul del mar, con la compañía de las olas que, una tras otra, dejan sus huellas en la orilla, esa que solíamos caminar todas las tardes. Es bueno recordar lo bien que solíamos estar.
Un despertar a tu lado, es lo que más extraño, con tu pelo perfectamente desordenado y tu tierna forma de mirarme.
Siempre te gustaron aquellas pequeñas sensaciones, la brisa en tu piel, el olor a tierra húmeda, sentir el pasto en tus pies, al igual que los días nublados. Parecías una niña chiquita cada que visitabas un parque o escalabas esa montaña cerca de nuestra casa.
¿Cómo no conmoverme con todo lo que eras? Transmitías una energía sin igual, no había un día en que no me sorprendieras, nada era monótono y yo solamente estaba agradecido por tenerte en cada segundo que el día me ofrecía.
Te posabas de noche en ese pequeño lugar al lado de la ventana, donde podías estar durante horas. Mientras tanto yo, preparaba nuestra merienda de todas las noches antes de dormir, lo llamábamos "nuestra pequeña cita".
Las cosas que haces por primera vez con esa persona especial son, para la mayoría, las que más dejan marca, tanto en nuestro corazón como en nuestra mente. La primera cita, la primera caminata, ese primer abrazo, el primer beso, cuando conoces a su familia, viajar juntos, conocer nuevos lugares y culturas, entre otras. Hasta que nos pasa no podemos entender el verdadero significado de esos momentos que para bien o para mal, siempre los llevaremos con nosotros.
Tú ya no estás, pero eso no significa que sea el final. Dejaste un gran vacío en mí, sí, pero también muchas otras cosas, lugares especiales que siempre me recordarán a ti, a como ver las pequeñas cosas como algo único y especial, a valorar cada pequeño detalle que te ofrece un día común y lo que puedes hacer en este. Simplemente, por todo eso y más, gracias.