--
Un cafecito en familia aún en cuarentena.
--
Esta mañana cuando me levanté, me llegó el deseo de ir a casa de mi hermana Carmen Luisa y mi cuñado Andrés Eloy, y salí con otra hermana de nombre Yalis a eso de las 9.
Metí café y azúcar en bolsitas transparentes y estábamos seguros de que íbamos a dsifrutar de un café familiar , que de inmediato fue puesto a hacer por mi misma hermana Carmen.
Mi cuñado Andrés Eloy, de 74 años, pero de una energía realmente admirable, estaba preparando todo para una ensalada, y picaba zanahorias, repollo y unas matas germinadas de frijol chino.
La frase favorita de mi apreciado y gran cuñado Esto no tiene precio se puso de manifiesto, y lo pudimos constatar de una manera secilla y natural. Sorbo tras sorbo y delicia tras delicia, logramos vaciar la jarra que nuestra hermana nos preparó.
Aquí aparezco yo, , sin poder ocultar el agrado de saborear ese café negro que nos hizo mantener un ánimo de cordialidad y compartir familiar.
Le dimos gracias a Dios por esta experiencia, y regresamos a casa para reanudar el cumplimiento la cuarentena.
Las gracias a Dios.
Las gráficas son cortesía de mi hermana Carmen Luisa.