Alguna vez quise ser escritor. De alguna manera aún quiero serlo, en una etapa me sirvió como catarsis y en la adolescencia fue el tubo de escape por donde se evacuó toda la incertidumbre de la vida, que casualmente llega en esa etapa y que en ciertos momentos para mí, no se ha ido. Una de las cosas sobre la que más he reflexionado ha sido la soledad y debo decir que es una de las cosas sobre la que más me gusta escribir, porque en soledad salen los mayores demonios y los mejores ángeles.
Siempre he sido una persona solitaria, en ocasiones más de lo que me gustaría. Sin embargo, hoy en día la soledad es un regalo de la que no estoy seguro, si quiero renunciar. Mi soledad apareció llenando los espacios que antes llenaba con cualquier prospecto por miedo al silencio del alma. Y no era que tuviera el alma callada, simplemente que no había aprendido a escucharla y si, suena todo muy metafísico, lo noto al leer la línea en voz alta, pero la sensación que da la soledad es como el amor, que no se pueden describir con palabras.
Sucede pues, que luego de años de relaciones tormentosas (que pretendían ser sentimentales), más por decepción que por convicción decidí estar solo, por un tiempo no más y ese tiempo se ha prolongado en 12 años de aprendizaje maravilloso, autoconocimiento, respeto y sobre todo la mejor de las compañías: yo mismo.
Atravesé las etapas de ir al cine solo, lo que resultó liberador. Adquirí el hábito de pasear los fines de semana y fotografiar la maravillosa cotidianidad de mi ciudad, a lo único que no he podido claudicar es a los gimnasios, primero porque siempre me han intimidado, segundo porque no me gusta el ejercicio. Quien me quiera, me querrá no siendo fit y estando solo. Mi soledad ha sido sanadora, pacífica y profundamente autodidacta.
Mis amigos (los poco que me quedan y los pocos que he ido haciendo) me preguntan frecuentemente si no echo en falta una pareja, alguien que exclusivamente esté para mi, pero entre otras cosas la soledad me ha enseñado eso: nadie está exclusivamente para nadie, muy pocos entienden lo que es el amor sin dependencia y yo necesito eso, alguien de quien no dependa y que no dependa de mi, porque de ahora en adelante, necesito escapes en soledad, porque entendí que la única y más grande responsabilidad que tengo, es cuidar de mi, y si se tratase de algo más físico, allí existe un remedio legendario llamado masturbación.
Yo lo entendí sin psicólogos, sin borracheras lamentables, sin llantos inapropiados en los hombros de verdaderos y falsos amigos y al final del camino encontré una soledad que no me quita la paz, no me da compañía, pero me ayuda a que no me haga falta, y entonces, tras el auge de la redes sociales y el nacimiento de nuevas connotaciones de palabras como tóxica o tóxico y la necesidad de exhibir las relaciones fallidas (amorosas o no) me pregunto ¿Somos masoquistas emocionales o realmente no sabemos estar solos? No tengo la respuesta. Sólo mi experiencia para demostrarlo.