Unidas por un cordón umbilical
La vida me dio la oportunidad de unirme tres veces de otra vida, es que el hecho de ser madre es un bendición extraordinaria, sensacional, hermosa y placentera...
Es que te hace sentir sensaciones formidable, te acurruca el corazón, te lo llena de infinitas emociones, que sobran palabras para describir este momento.
Cuando concebimos a una vida, fruto bendito de nuestro vientre, todo mágico Despierta en cuestión de segundos, son días de glorias, quizás llenos de nostalgia, hay veces cambia nuestro estado de ánimo, nuestros cuerpos se transforman en el tiempo, empezamos a estirar la piel, otras veces a subir de kilos gigantescos, son parte de ese proceso, aceptar con los brazos abiertos, son momentos especiales, momentos que no volverán.
Solo les digo, que cada embarazo es diferente, no nos dejemos llevar por los malos comentarios o las malas experiencias, vivamos sencillamente las nuestras, es el Simple hecho de convertirnos en mujer y vivir esta etapa a plenitud.
Tres experiencias diferentes atadas al cordón
Mi primer embarazo fue lindo, todos lo fueron realmente, quizás por ser la primera vez, y por se uno de mis mejores años, lo viví hermosamente como una amor eterno de verano, cada cuidó, cada paso que daba, todo estaba premeditado quizás, pensaba bien lo que hacía y seguía todo al pie de la letra del doctor, ese médico único que tuve la dicha de que me atendiera mis 3 embarazos...
Agradecida de ti mi Doctor Argenis Maíz, fuiste muy paciente, servicial y me diste consejos sabios, aun en mi terquedad y aclaraste todas esas dudas que surgieron en el camino.
Y si, este embarazo fue una bendición para mi, aún cuando fue un tormento los primeros meses, ya que estaba en la fase final de mi carrera de ingeniería.
Me desprendimiento del cordón umbilical fue por medio de un parto, en la Clínica Oriente, que duró horas para ensanchar y llegar a lo deseado, pero fue rápido el proceso de parir, para traer al mundo a mi hija Valeria, fue traumatico la aplicación del bendito pitosin, si lo recuerdo como una mala experiencia necesaria, es un acelerador que ufff... No quisiera volver a pasar por el, gracias a Dios, me escucho.
Al momento de parir, fue quizás por ser primeriza una frustración, no estaba pujando bien, pero después que el doctor me indico perfectamente, ufff... Fue lo más hermoso que sentí, salir a mi hija y escuchar su primer llanto, al verla tan pequeña, rosadita y tan delgadita provocaba caerá a besitos ricos.
Mi segunda experiencia fue diferente, no tuve dolor de parto, solo unas manchas que se asomaron, al llegar al ambulatorio, me dijero: usted esta a punto de parir, ya se le ve la cabecita... Wow...
Fue tremendo, me tuvieron que llevar de emergencia a la clínica Santa Rosa, quien supuestamente me estaría recibiendo mi doctor, pero al llegar no estaba allí, la cual me atacaron los nervios y el residente me decía, la tienes allí, ya estas lista para parir, yo te recibo el parto, mientras llega el doctor, un niño a penas y le dije tercamente, esperare a mi doctor, el me dijo que ya venía, pero sentí eso eternamente...
Mientras eso, me empezaron a preparar para el segundo parto natural, mi médico tardo unos minutos en llegar, me llevaron a quirofano, y wow...
Cuando llego el doctor, ya todo estaba listo, me dijeron puja, nada que salía, estaba como pegada, este si fue terrible, no me aplicaron nada, pero sentí que me partieron toda, sufrí mucho, porque me metieron mano por todos lados, pero al lograr el pujo deseado, fue lo más lindo que vi, otra hermosa niña rosadita, larguíta y peloncita. Mi querida Valentina lloro con gritos de júbilo.
Fue raro, vi entre mis ojos que nació con una capa, la cual no sabía que era, al parecer, lo que me dicen que fue enmantillada o nació con una capa, pero no me entregaron su mantilla, ni me notificaron de la misma, y ni se me ocurrió preguntarle al doctor, ya que ni sabía que era eso, hasta que días después que me contaron.
Sin embargo, me decía, que gracia iba a tener reclamar esto, ya se había desprendido de mi cordón, lo importante que ya estaba en mis brazos y yo feliz...
Mi tercer y último embarazo, fue algo inusual, tremendo quizás, aquí de forma muy extraña habíamos planificado nuestras vacaciones en familia en Nuevas Esparta, La perla del Caribe, fuimos a principios de Enero, nos tocó ir con mi hermana gemela y su familia, de paso nos trajimos a mi papá y mamá al viaje, fuimos el día siguiente al parque acuático de playa el agua.
Wow... Me monte en todos los aparatos habidos y por haber, disfrutamos desde que llegamosa las 8:00am hasta que nos fuimos a las 6:3pm, nos fuimos al parque de diversión de Diverland, gracias a Dios estaba cerrado, porque sino no me imagino que hubiera pasado.
Pues, le digo esto porque el día siguiente empecé con mareos, náuseas y malestares, todo lo que comía lo vomitaba, así pase mis días, hasta regresar a mi casa, al llegar me fui a chequear en la clínica... Y cuando me revisan, me hacen todo, no me encuentran nada, hasta que me hicieron unos últimos exámenes y me dijeron: Felicidades está usted embarazada...
Wow... Me puse la mano en la cabeza... No supe si reír o llorar de felicidad... Y bumm mayor sorpresa y bendición...
Este embarazo fue difícil, aquí pasé por procesos dolorosos, tanto emocional de todo tipo, hasta físicamente porque me descompense muchísimo (Luego les contaré de ello) .
Solo se que cuando me dijeron que estaba de pie, en los últimos meses, que no se había acomodado, que de ser así, me iban hacer cesárea, le dije al doctor, hágame cesárea y ligadura de una vez.
Y fue así, mi tercer cordón se desprendió a través de una cesárea, nuevamente en la clínica Santa Rosa, la cual para evitar el dolor me coloque un catéter, berro entre la anestesia y esto, prefiero seguir pariendo natural, fue muy malo para mi, todavía siento esas secuelas de dolor en mi columna.
En fin, como me durmieron, de la cintura para abajo, vi todo mi proceso de cesárea, fue quizás traumatico verlo, pero me sentí muy llena de valor y alegría ver cada cosa que me hacían, desprender cada capa... Wow...
Recibí a mi Pequeña Terremotico, mi pequeña lucecita, que llegó en medio de una tormenta. Pero gracias a Dios fue la que me permitió seguir llenandome de valor...