Hermosa y diversa comunidad de Hive, muestro poesía de mujeres negras, esta vez, conoceremos a la poeta afrocubana, Georgina Herrera. Una mujer de la palabra-verso para hacer la memoria-combate que habla, danza y vive.
Una gran cimarrona eterna para las luchas-ternuras. Vamos a darle paso a su poema:
Oriki para las negras viejas de antes
(Fragmento)
Éramos, sin saberlo, dueñas
de toda la verdad oculta
en lo más profundo de la tierra.
Pero nosotras, las que ahora
debíamos ser ellas, fuimos
contestonas,
no supimos oír, tomamos
cursos de Filosofía,
no creímos.
Georgina atesoró y confió en la filosofía/sabiduría de las ancestras y las abuelas. Ella dio paso al pensamiento a través de una poesía que dibujara su ser mujer negra cubana, construyó su propio lenguaje en clave afroespiritual y corporal que invita a reconectarnos con una identidad que nos arrebataron. Georgina nos sacude con un discurso rabioso, dulce y diáfano. Ella se elogia grande. Derriba los muros de la dominación racial/patriarcal. Reivindica a las suyas y se fuga con ellas de todo cautiverio.
Yo soy la fugitiva
soy la que abrió las puertas
de la casa-vivienda y “cogió el monte”.
No hay trampas en las que caiga
Tiro piedras, rompo cabezas.
Oigo quejidos y maldiciones.
Río furiosamente
Y en las noches
bebo el agua de los curujeyes,
porque en ellos
puso la luna, para mí sola,
toda la gloria de su luz. (Elogio grande para mí misma, de nuestra poeta Georgina Herrera)
Diario de Cuba, Georgina Herrera. Poeta cubana
Yoya como solían llamarla, escribió desde niña. Nació en Jovellanos, Cuba en un abril de 1936. Misteriosamente comenzaron a salirle poemas. Al principio los escribía en secreto y luego los ocultaba. “Sentía como que estaba cometiendo un delito. Pero no podía parar. Era un delito a gusto”.
Georgina fue guionista de radio. Publicó por primera vez a los 16 años de edad, en periódicos y revistas de La Habana. Escribió novelas, cuentos y obras de teatro. Escribió para la televisión y el cine. Sus poemas se tradujeron al inglés y alemán. Nuestra cimarrona caribeña se hizo eterna el 14 de diciembre de 2021.
Ochún
Viene, desde el fondo del río con su nombre
hasta la orilla, un pez. Toca
el rostro de la muchacha que se estremece.
Ya su fiesta de amor se ha confirmado.
Que en pez del río Ochún la roce
es como untarse de miel y polvos de flores.
Ella es la diosa del amor, su carne es vencedora
y basta.
No piensa la muchacha que invocándola,
puede venir la paz y la abundancia; ignora
que todo eso también es parte del amor…
e historia.
Sí, eran tiempos feroces
trampas tendidas entre los sembrados
para atrapar al enemigo
y Ogún allí, plantado junto al hambre.
¿Quién se atrevía?
Nadie recuerda, no sabe o no le importa
el destino que entonces
fijó la diosa a su belleza.
Fue por bondad lo que se cuenta de otro modo
con malicioso orgullo.
Ahora, a esta muchacha,
a la que el pez del amor rozó la cara,
no piensa
en que alguien, al menos, reconozca un día
(del que ya es tiempo) esta verdad.
Georgina habla de autoreflejarse, de autoreferenciar sus vivencias de mujer negra. Una niña que hablaba con sus ancestras por medio de versos y que supo atesorar las revelaciones que le hicieron.
Leo en voz alta a Georgina:
María Mercedes Cobo Echenagucia