Iniciamos un nuevo año con un cumulo de nuevas opciones y nuevas oportunidades de vida. Las cosas ya no son como estábamos acostumbrados, todas han cambiado, algunas para superación física, mental y creativa, otras para sencillamente lamentarse de lo drástico que ha sido el cambio, lo importante es que aun estamos con los nuestros.
Algunas empresas comenzaron a trabajar medio día, otras a puerta cerradas, otras tantas no abren sus puertas, mientras que las escuelas, a pesar de la pandemia, inician más pronto de lo previsto. Aunque en la mayoría de las instituciones de Venezuela la educación es gratuita ésta no cuenta con los recursos ni infraestructura que requiere, hasta el punto de que el aprendizaje a distancia es una tragicomedia, los niños no cuentas con un computador mucho menos con internet, son escasos los padres que tienen un teléfono inteligente, sin olvidar a los maestros que son vulnerados por el patrono.
Todo ha cambiado, las escuelas están vacías, los pasillos y las aulas de clases llenas de polvo, algunas han sido violentadas por el hampa. El sistema educativo en Venezuela es muy frágil, ni docentes, ni estudiantes experimentan ese sentido de pertenencia que los caracterizaba.
Cuánto extraño los patios llenos de niños que corren, saltan, juegan y cantan; esas risas y gritos que alegraban el ambiente, la emoción de participar en algún baile, los balones rebotando. La pandemia lo cambio todo, algunos niños estudian en casa, otros dejaron de hacerlo. La educación y el aprendizaje en Venezuela han sido víctimas del COVID-19, pero aún más del sistema.
Brindo por un mañana mejor, por un mañana diferente donde ser docente, alumno, estudiante sea de admiración.