El lobo del aguacate,
perdió su árbol en la tarde,
quedó con el terreno vaciado,
con pura tierra café claro
y tristeza en su rostro largo.
Muchas horas lloró ,
tanto así que el mundo inundó,
el agua todo lo cubrió,
incluso el lobo desapareció,
y por un tiempo no se supo su ubicación.
Tras unos meses,
la inundación por fin desaparece,
pero, ha dejado algo,
un retrato del lobo con su árbol,
en un mural mágico.
Créditos Margarita Palomino