Este era un papel, que se quiso convertir en una bolsa café, así que sus extremos pegó, llamó al relleno y se transformó.
Ahora necesita un nombre, gira y gira a ver si llega uno acorde, pero, nada entra a la escena, es una bolsa de sencillez extrema.
Un espejo la visita, también se acerca un pomo con sonrisa, con cuidado la maquilla y descubre que se llama Vilma, la de la nariz amarilla.
Con su nueva identidad, Vilma caminando va, cuando encuentra agua, suele saltar, ella sabe que el papel no se debe mojar, porque se podría rasgar y desaparecer del lugar.
Y es que todos deberíamos tener claridad, de que nos podría daño ocasionar, así como Vilma nos enseñó, en este cuento que escribió.
Créditos Margarita Palomino