Una hebra de cabello,
decidió dejar el cepillo,
tomó un auto prestado
y se fue manejando.
Sacaba la cabeza por la ventana
para agarrar aire de una tomada,
a veces se enroscaba,
cuando el sol se le acercaba.
Tras un buen rato,
tropezó con un lago,
el agua sin sal jamás le ha gustado,
así que en un corcho se fue flotando.
Finalmente el viaje termina,
llega al mar por una senda chiquita,
ahí se convierte en sirena
y se va nadando con gran ligereza.
Fin
Copyright © 2020 Margarita Palomino
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La Hebra de Cabello