Estuvimos —estamos y estaremos— al borde de un precipicio que no vemos. Todo puede acabarse en un segundo. No hay mentiras encendidas, no hay vigilias de pasado, pero a partir de hoy —mañana y siempre— veremos al amor de otra manera, porque lo vives y al mismo tiempo lo sobrevives.
El amor está en suspenso si la excusa serrucha a la voluntad. Todos los días te elijo —me eliges— y la merced de ambos requiere de fe.
Y si te dejas querer, —y si me dejo— tendremos a diario desolaciones que —vestidas como humanos— pretenderán invadirnos el cariño.
Y ya quiéndonos, —ante las ansias de libertad— pelearemos con palabras y silencios para decirnos un "te amo" —o un "te odio"—.
Y cuando los abrazos expiren, —prometamos— que no arribe ningún grito cuyo hálito sea —eterno cómplice— de la pasión.
Hay que comprender que el amor que anhelamos está —estuvo y estará— siempre amenazado por tanto, por otros —y por nosotros—.
Pero si te quieres marchar, —vete— eres libre de hacerlo, pero el boicot puede volverse un complot con quien, pese a la amenaza, se queda —allí contigo—.
Estamos —te lo repito— al borde del precipicio, todo puede derribarnos, pero sería bonito —o tal vez triste— caer y levantarnos juntos.
Iso: 100 | F: 1,8 | 1/350
Nikon D5200 | 35mm
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