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Bienvenidos a mi blog comunidad Hive. Tenemos una tendencia a creer que nuestras vicisitudes siempre son mayores a las de los demás, esa tendencia a magnificar que lo que nos ha pasado supera lo que ha vivido el otro, es algo muy común. Hoy mientras esperabas desde las tres y media de la mañana en la cola para equipar de gasolina mi moto, me deleitaba oyendo los relatos, una especie de contrapunteo tipo llanero venezolano entre motorizados, en donde cada quien trata de contar una historia que supere la anterior.
Una competencia de vivencias y experiencias
Estaba pensando en el porqué de la competencia en los relatos, de porqué lo hacemos y desde mi punto de vista en lo primero que pensé fue en una manera de demostrar al otro como yo he vivido situaciones más complejas e intensas y que las superé, a veces hasta para minimizar al otro. Este tipo de comportamiento es muy común en el campo profesional, sobre todo en equipos con baja madurez laboral. Esto me hace retroceder 35 años, recién graduado y aunque ingrese a mi mejor experiencia de trabajo por el prestigio y el calibre de la institución en la que trabajé por casi 10 años, aun recuerdo las anécdotas y las muestras de competencia en donde adicional a la experiencia de mis compañeros entraba el juego el conocimiento.

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Empatía o necesidad de reconocimiento
Pero también me anima pensar que esa disposición a acompañar o complementar la historia del otro, contando una parecida con una condimento personal de exageración, puede de manera encubierta llevar el mensaje de “yo sé lo que viviste” o “me identifico contigo”, una especie de ponerse en los zapatos del otro, aunque no muy bien canalizado pero que resulta, genera, aceptación, integración y cohesión de grupo. Por supuesto que esto dependerá de como se enfoca la intensidad de la experiencia y un conjunto de señales verbales, no verbales, actitudes… para evitar hacer creer al otro que el mensaje es “reconóceme soy superior a ti”, terminar en una competencia y en una muestra inequívoca de necesidad de reconocimiento. Todos vivimos cotidianamente este tipo de situaciones, que interesante es observar, comprender y analizar para determinar o al menos cual es la intención del otro, por supuesto hacerlo cuando el caso lo amerite.

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Al final: observar, comprender y aprender
Lo cierto es que cada oportunidad de equipar gasolina en nuestro país es una situación estresante y hasta de desesperanza, pero yo entre historias, cuentos, réplicas y leyendas urbanas de los motorizados, he re-aprendido en esa situación adversa a tener mente positiva y una posición existencial de estar bien, cosa que no he logrado cuando hago cola para equipar mi carro. Me he limitado a observar y tratar de comprender, opinar poco y por supuesto no competir, así he conocido mucha gente maravillosa; profesionales, trabajadores, gente de todo tipo y he ido dejando de estigmatizar al motorizado, porque aunque siendo uno de ellos, tenía mis prejuicios. Como dicen podemos ver el vaso medio vacío o medio lleno, aunque a mi me gusta es ver el tanque lleno

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Gracias por su visita, nos vemos en una próxima publicación